domingo, 4 de octubre de 2009

“LA ODISEA DE PHILIPPE”


Por Julián Enríquez

"Philippe" es una mega novela, una novela de aventuras a la par que novela histórica; también se trata de una oda al héroe, al ingeniero Philippe Bunau-Varilla, sin su concurso el Canal de Panamá ni siquiera existiría. Por otro lado, es también una bella historia de amor (o de amores), del amor que duele, del amor que enciende, del amor que vuela. Y de poder, del poder del hombre frente a los elementos, contra el mismo hombre y las luchas tesoneras que llevan al protagonista a convertirse en un político de salón, de intrigas, chantajes y vericuetos legales pero cuando se le exige, también puede ser un guerrero en el campo de batalla.

De pronto, se vuelve también una novela inquietante y agorera que le marca un derrotero difícil y doloroso al héroe. Y muta a una novela negra de pesquisas policiales, amantes que se sienten traicionados y pistoleros a sueldo; complots urdidos con la emoción del último minuto y muertos que van y vienen por cuenta de la fiebre amarilla, el cólera o la malaria, así como por cuenta de las balas asesinas.

"Philippe" es sobre todo una novela de novelas, me recordó tanto a esa otra mega novela que es "Moby DicK o la caza de la ballena blanca" de Herman Melville. Ambas son voluminosas y ambas están embarcadas en un proyecto colosal. La Compagnie Universelle, institución francesa creada para poner en marcha el proyecto del canal es como el Pequot, la embarcación que va en pos del cetáceo condenado. Y el capitán Ahab, curtido lobo de mar en aquella, es el mismo Philippe avanzando con idéntica obsesión en ésta, frente a la idea quimérica del canal que se yergue insalvable frente a él.

Justo decirlo, Marc de Banville, su autor, logra en sus casi cuatrocientas páginas contar una heroica epopeya, una singular hazaña; narrativamente es un esfuerzo colosal que demandó muchos años y nutrirse de una labor investigativa paciente y gigantesca, titánica sería más preciso llamarla.

La novela no sólo me gustó, me sorprendió y encantó, había llegado a mis manos con la notificación aparente de que se trataba de una pura novela histórica cuyo tema era el famoso Canal de Panamá. Vaya sorpresa la que me llevé cuando comencé a leerla y me vi atrapado en las fangosas tierras del cerro Culebra –el más difícil para la ingeniería de la época-, con sus protagonistas expuestos a un sin número de enfermedades, aparentemente atrapados en esa selva espesa y virgen que cobró miles de víctimas, atacando sin miramientos y por igual a nativos y extranjeros; doce mil vidas dicen las estadísticas que se perdieron en la construcción del canal por cuenta de enfermedades, accidentes y desastres naturales.

Por sus páginas desfilan también bandoleros, decenas de facciones rivales que se enfrentan por el control de la tierra, así como ecos de la primera y la segunda guerra mundiales; todo contado de manera detallada con un lenguaje franco, frenético y auspicioso de crónica novelesca, generando en el lector toda suerte de emociones; hay incendios y acciones valientes de nuestro héroe Philippe Bunau-Varilla, mujeres defendidas y niños salvados; precisamente, a él mismo, la fiebre amarilla estuvo a punto de quitarle la vida, el oscuro personaje de una curandera lo salvó.

Se cuenta también sobre tres amores que tuvo el protagonista, personajes muy bien trabajados que le dan enorme vida y sentido humano al relato. Ida, la primera de ellas, paciente francesita, la Penélope de esta odisea que esperó y esperó a su Philippe y con el que ya casados y con tres hijos continuaban tratándose formalmente el uno al otro de usted. María Gilma, la amante colombiana, adinerada influyente y peligrosa, que le decía "Felipe" pero a la cual temía darle la espalda; paradójicamente, Gilma se convirtió en un soporte fundamental para salvaguardar el canal y una vez más la vida de Philippe. Uno de los pasajes memorables de la novela, en su corte romántico, acaece cuando estas dos mujeres, la esposa y la amante, descubren el engaño y en lugar de enfurecerse y arremeter la una contra la otra, lo que hacen es volcarse sobre el hombre que está físicamente entre las dos, sometiéndolo a un vaivén de rabiosas cachetadas que envían el rostro del hombre ora a oriente ora a occidente.

La tercera mujer en la vida de Philippe es Grace, el gran amor de su vida, la mujer por la que él hubiera renunciado al canal si ella se lo hubiera pedido; a la postre, la pobre Grace, la norteamericana que lo amó y le dio un hijo que estuvo a punto de quitarle la vida a su padre, acabó siendo la gran sacrificada y mártir del relato.

¿La novela se ocupa del canal?, absolutamente, es la columna vertebral que va guiando la historia. Desde el principio cuando el canal es sólo un trazado imaginario abriéndose paso por la tupida selva, el ingeniero Philippe se obsesiona con él y hace una especie de juramento: "Entre tú y yo espléndida naturaleza, incansable enemiga, fértil conquistadora, tu fuerza vital hierve en mí pero para vencerte mejor. Bebemos de la misma fuente de poder, pero mi mortalidad me da la fuerza de someter tu eternidad. Reinarás siempre mientras que yo, ya muerto, me habré fundido en ti, pero tus elementos domados habrán tenido que ceder el paso al progreso, canal abierto por la efímera fuerza de mi propia voluntad, y luego mantenido por los hombres que me seguirán". Al final de su vida, en las últimas páginas de la novela, nuestro héroe ya moribundo se reconcilia con ella: "…dar más discursos, excavar más canales, ganar más dinero, ¿para qué?, la única cosa importante sentir y amar a esa misma naturaleza con la que he pretendido combatir toda mi vida".

Como tuvo que combatir y vérselas con las autoridades o representantes de al menos cinco gobiernos: el francés, que inició la obra pero cuyas astronómicas dimensiones y cuantiosos fondos demandados por el proyecto, puso a los inversionistas galos en desbandada. El gobierno estadounidense que lo retomó, constituyéndose en un verdadero parto para Philippe Bunau-Varilla, lograr que los políticos norteamericanos y siniestros poderes a la sombra, finalmente aprobaran el pacto para sacar adelante el canal. Colombia, cuya fuerza pública tímidamente intentó intervenir en la negativa de perder ese "gran trozo de selva" de su soberanía. Nicaragua que tenía un preacuerdo con los estadounidenses para que la ruta canalera cruzara su territorio; Philippe defendió ante las autoridades del país del norte la inconveniencia de esa idea: "Preferir Nicaragua a Panamá sería preferir la estabilidad de una pirámide descansando en su punta a la de una pirámide que se sienta en su base… La ruta de Panamá no sufre como la de Nicaragua de vientos, corrientes, curvas bruscas, sedimentos, volcanes… presentando tres cualidades esenciales: continuidad de las operaciones, seguridad del tránsito y estabilidad de la estructura; además su costo sería tres veces mayor".

Otro de los países con los que tuvo que lidiar Philippe, fue con la naciente Panamá, nación creada por obra y gracia del canal y los intereses norteamericanos: "Sin ratificación del tratado (hace referencia al tratado Herrán-Hay) no habrá canal y sin canal, no habrá país".

Hasta los rusos y los alemanes en un comienzo intentaron ser ellos, quienes construyeran la gigantesca obra interoceánica.

Generalmente, las referencias a Colombia y a los colombianos, son las que en la época se acostumbraban a una república bananera que empezaba a caminar, un trato un tanto desobligante. Los franceses, entre ellos el ingeniero Ferdinand de Lesseps (ya un mito viviente por haber construido el Canal del Suez) y enfrentarse en su primera etapa al de Panamá y, el mismo Bunau-Varilla que lo retomó hasta llevarlo a feliz término, dieron el empujón para que el canal fuera una sólida realidad en la región y disipó para todos, los malentendidos que pudieron haberse presentado ante la urgencia mundial del comercio.

Desde este punto de vista, Marc de Banville permite que sus personajes sean y se expresen con total libertad, distan mucho de ser políticamente correctos, son como son. Ellos, los franceses primero y la pléyade de extranjeros que tuvo que ver con la obra, se constituyeron en el cerebro de la operación, en tanto que los haitianos, jamaiquinos y los mismos colombianos representaron 'simplemente' la mano de obra. Aunque mueren por cientos y miles, la novela parece no hacer justicia ni enaltecerlos, sólo lo hace con el drama de los que si tienen voz, los extranjeros europeos en cargos administrativos que llegan a trabajar, a enfermar y cierto es decirlo, también a morir allí.

Pero bueno, no nos pongamos nacionalistas y entendamos que la novela ofrece un importante documento histórico y literario de inigualable valor. Recomiendo su lectura porque a la par que estudiamos lo que significó la mega construcción, vamos atravesando una bella y exótica historia con aventuras que se dan a borbotones, de amores y de héroes, el más destacado de todos Philippe Bunau-Varilla.

*****

Marcela, la única objeción que tengo para esta obra, no es al contenido de la novela precisamente, si no a la publicación en sí, a la plaga de errores gramaticales, semánticos, de tildes y de puntuación que hay en ella. Observo en las páginas de créditos que "Philippe" tuvo cinco (5) correctores de la versión en español: (Marce, Dora, Andrés, Adrian y Ema), muchachos, no hicieron bien su trabajo.

Un lector tolerante y paciente les podría pasar todos esos errores porque la historia atrapa y convence pero, las tres páginas que le faltan a esta edición (pág. 72, pág. 86 y pág. 325) es algo francamente lamentable e inaceptable, cualquier enfadado lector podría decir 'apague y vámonos'.

Me preguntas si "Philippe" tendría éxito en Colombia?, si la gente de este país leería una novela que le incumbe, que sería importante que leyera?, eso es algo que no te puedo contestar. En Colombia se lee muy poco según dicen las estadísticas pero si los que leen se enteran de la existencia de esta novela, de la importancia de su tratamiento al hecho histórico que la precedió, de la variedad y minuciosidad de historias que aquí se cuentan, la obra podría tener una buena salida y relativo éxito. En las universidades por ejemplo, facultades de historia, sociología y literatura, sería de mucha utilidad.

El título considero que no contribuye a ello, parece una obra dedicada al lector francés. Un título distinto, más llamativo y raizal que concierna a esta región del mundo, a este trópico ardoroso, quizás ayudaría.

Importante reforzarlo todo con una campaña publicitaria, visitas de lanzamiento del libro por parte de su autor a través de los medios de comunicación, incluyendo un recorrido de promoción con conferencias por las distintas ciudades colombianas.





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