miércoles, 2 de septiembre de 2009

EL SENTIDO DE LA VELOCIDAD

POR: PIEDAD VILLEGAS

Año 400 a c Grecia- Los mosaicos del piso dibujan cenefas que enmarcan con diseños geométricos, los animales multicolores que jugando se mueven con las sombras de las columnas que rodean el patio; desde uno de los corredores esta él, mirándoles, absorto. Tiene en su mano un maravilloso vaso de arcilla dibujada que acaban de llenarle de agua. Saborea con placer su frescura. También traen una bandeja de frutas que ponen en una mesita cubierta con mantel de seda. Cierra los ojos y siente el olor de las uvas y las olivas, mientras percibe con sus dedos la suavidad de la seda, que al moverse con la brisa le roza la piel. En la tranquilidad del patio alcanza a escuchar el rumor del agua del río afuera y los pasos que se alejan. Apenas ha comenzado la mañana, vuelve a abrir los ojos. Aristóteles piensa, acaba de ver, de saborear, de oler, de tocar y de oír, en un mismo instante. Se levanta para ir al Lyceo, todas sus palabras y los actos humanos girarán alrededor de los 5 sentidos.

Siglo XVII Alemania- Los andenes del claustro dibujan caminos por los que los estudiantes van y vienen, desde la ventana de arriba, por momentos se ven corriendo como pequeños arroyos y a horas determinadas, parecen torrentes de agua que fluyen rápidamente. Mirándoles a través de los cristales, está él, absorto, mientras juega a hacer bombas con el humo de la pipa que acaba de aspirar. En el estudio lleno de libros y papeles, de pronto se siente saturado por el olor del tabaco y de la tinta, y abre la ventana. El viento del otoño, azota las cortinas que con fuerza cubren su cara, siente la dureza de la tela pesada, alcanza a escuchar los murmullos de las voces y de los pasos agitados, que afuera caminan por el claustro. Acaba de comenzar la mañana, se acomoda el pelo desordenado por la cortina, y sacude la ceniza que cayó en su chaleco. Immanuel piensa, acaba de ver, de saborear, de oler, de tocar y de oír, en un mismo instante. Se dispone para ir a dar la cátedra sobre los 5 sentidos de Aristóteles.

Siglo XIX Suiza- Los senderos del bosque dibujan rutas enmarcadas por piedras y flores silvestres, que en filas se pierden detrás de los árboles. En el tronco que le sirve de banca, y mirando hasta donde se diluyen en la distancia los colores, está el, absorto, concentrado en sus pensamientos sobre los sentidos. Sus manos juegan a quebrar en pedazos pequeños una hoja seca, los pájaros cantan en sincronía cada tanto, y mientras trata de armar la melodía que componen los diferentes trinos, el fuerte olor a tierra penetra hasta las sienes. Arranca una brizna de hierba larga y se la lleva a la boca, con sus dientes muerde el tallo y saborea la savia amarga hasta agotarla. El sol ya se oculta y el frío de la primavera comienza a sentirse, Rudolf se levanta tirando la brizna y se acomoda el pañuelo alrededor del cuello, piensa que ver, oler, saborear, oír y tocar ha sido apenas un bosquejo de la capacidad sensorial del ser humano. Piensa que además, el calor, la vida, el movimiento, la palabra, el pensamiento, el yo y el equilibrio, son otros sentidos para ser desarrollados. Hoy dormirá este pensamiento, mañana escribirá su conferencia sobre los 12 sentidos.

Año 2009 America-Africa- Europa- Asia u Oceanía- Las autopistas de la ciudad dibujan con las luces de los carros y de los avisos la velocidad que lleva. Dentro del carro, va él, a 100 kilómetros por hora. Todo pasa ligero mientras conduce sentado e inmóvil, con sus manos adormecidas por estar aferradas al timón, está absorto, manteniendo su atención en el carro que va adelante, ningún pensamiento aparece mientras conduce, el olor a gasolina ya ni se siente, y el chicle que lleva en la boca no sabe a nada, el ronroneo de los motores de las motos y los carros que lo rodean, se bloquea en cualquier lugar de su cerebro en el que esté, de tanto oírlo, ninguna emisora sintoniza con el, ya ni siente el deseo de llegar, el carro lo lleva, él se deja llevar y lo único que percibe es velocidad.

Velocidad, esa que se lleva los años de historia que han transcurrido desde que Aristóteles, sintió que el Yo vibra en 5 experiencias sensoriales, a través de las cuales realizamos el anhelo humano. Velocidad, esa que también se lleva la posibilidad de conocer, que cuando en tiempos de Immanuel Kant la sicología dejo de ser filosofía y acomodó sus bases, sobre la misma teoría de los cinco sentidos, olvidó la capacidad que tienen los varios siglos transcurridos, para dejar dormir esas ideas, que mas tarde como bella durmiente han de despertar para renovarse y darle giros decisivos a los pensamientos del pasado.

La sicología perdió la secuencia que va de las imágenes que sucedieron en el patio de mosaicos dibujados, a la autopista con un solo dibujo de líneas blancas interrumpidas. Quedó suspendida en la polaridad de esa idea fija que son los 5 sentidos, que se reproduce una y otra vez a esa misma velocidad que, "es la vejez del mundo" como sentencia Virilio.

Hoy sin percibir esa intuición inteligente llamada sexto sentido, y sin el reflejo de esa sabiduría natural que es el sentido común, la sicología moderna sigue sin acoger las investigaciones y aportes sobre el estudio de los 12 sentidos, que desarrolló Rudolf Steiner en un momento histórico, en que Oriente con su espiritualidad y Occidente con su pensamiento materialista, se encontraban, se seducían, y simultáneamente se resistían, pero siempre se asombraban, hasta la obsesión o el rechazo en todos los ámbitos posibles.

Una búsqueda individual y sensacional, pretende encontrar en la velocidad la substancia de la propia humanidad, ya, todo se está sirviendo con afán para develarnos rápidamente los misterios del mi mismo. Como si se tratara de una divulgación colectiva, en los laboratorios los científicos publican boletines con estudios sobre los sentidos, y dan una dimensión de lo que algún día descubrirán que somos por las capacidades que demostramos. Solo el sentido del tacto tiene el más sorprendente tratado escrito por Ashley Montagu, y un filósofo como John Berger publica un libro de solo ensayos sobre "El sentido de la vista".

Del otro lado los poetas expresan la incertidumbre y la certeza de sentir: es el ser humano en el limite y en el centro, debatiéndose desesperado entre polaridades, entre la sal y el dulce, entre la iluminación y la ceguera, entre el olor a sándalo y el olor a mierda, cuando al mismo tiempo percibe el golpe y la caricia, y padece el ruido inevitable del mundo contemporáneo, mientras escucha sinfonías, sin tiempo.

Mientras tanto, los médicos creen curar los desordenes de los órganos de los sentidos con gotas, cremas, pastillas e inhaladores para la nariz, los oídos, los ojos, la piel y las papilas gustativas; los sicólogos y maestros insisten en evaluar la manera como percibimos el mundo desde la teoría de los 5 sentidos, "…que son para los órganos como el alma para el cuerpo…" según Aristóteles, y las revistas y los periódicos en pequeñas reseñas, relacionan los sentidos con ventanas, frente a ese palacio de portales, ventanales y entradas que es el ser humano.

El ser humano, sin atreverse a percibir ya nada mas que la muerte acechando, cierra las vías de acceso y solo se atreve a descubrir el sin sentido de la velocidad, " la forma de éxtasis que la revolución técnica ha brindado al hombre" según Kundera, el ser humano, ya no se atreve a explorar los 5 sentidos de Aristóteles, ni los 12 de Steiner, los cuales él clasifico en tres grupos, ni tampoco se atreve a inventar nuevos, como un sentido para la memoria o un sentido para la eternidad, porque ya la muerte tiene su sentido, como la vida tiene el suyo.

Y sin embargo "es en los sentidos donde comienza el conocimiento, donde el alma razona y piensa" como diría talvez Kant. Compartimos algunos sentidos físicos y anímicos con las piedras, las plantas y los animales, pero con los mismos sentidos, ni unas, ni otros tienen la posibilidad de recorrer los caminos que nosotros los seres humanos alcanzamos, el primer grupo, los 4 sentidos físicos según Steiner, son sentidos externos, relacionados con el mundo exterior, con nuestro cuerpo físico y vital:

El sentido del tacto, se puede vivir sin otros sentidos menos sin esta frontera que nos deja saber donde terminamos y donde comienza el mundo que nos rodea, puede desarrollarse hasta un abrazo infinito, o hacernos sentir desolados, un sentido tan físico y tan básico que si no logra su verdadero alcance deprime a la planta, al animal y al hombre hasta convertirlos en formas inertes.

El sentido del movimiento, es ese gesto de poder desplazarse hacia los lados, hacia arriba y hacia abajo, hacia delante y hacia atrás, para descubrir que somos libres y podemos traspasar límites, es también tan físico que si no alcanza todo su potencial nos reduce a la minusvalía.

El sentido del equilibrio, es el sentido de la tranquilidad, físicamente tenemos un centro de gravedad que nos hace estar presentes para nosotros mismos, además de estar vivos, no fluctuamos perdidos en movimientos incontrolables, es no estar dis- traído, es estar en mi y no entre- tenido.

El sentido de la vida, es esa sensación de la armonía que no es otra cosa diferente a que yo concuerdo, una confianza básica por mi sola existencia, sin arandelas, es física y real, puedo compartirla con la planta, con la piedra y con el animal, pues es un hecho que estamos; al margen de las preguntas, solo en la medida que ellas aparecen ascendemos y es cuando el sentido de la vida se convierte en felicidad, pero también puede no desarrollarse nunca y convertirnos en seres desconfiados e insatisfechos, infelices, pero nunca volveremos a estar iguales a la piedra, a la planta o al animal porque las preguntas tarde o temprano aparecerán para nosotros.

El segundo grupo es el de los 4 sentidos anímicos, que también son físicos y están relacionados con los sentimientos y las emociones, están relacionados con el alma:

Dijo Aristóteles, "el alma es al cuerpo como la vista al órgano visual", el sentido de la vista es un sentido del cuerpo y del alma, porque ver, es pasar los ojos, que no es lo mismo que mirar, que es ver mas, observar, detallar, que es ir mas allá, escudriñar, hasta develar, que no es lo mismo que desvelar, que es no dejar de ver, ni lo mismo que soñar, que es ver dormidos.

Del cuerpo y el alma también es el sabor, de saber, si no sé, muero de hambre, no me alimento, así es desde el nacimiento cuando se recoge la primera gota de leche y se saborea ese mundo redondo, donde se recoge el conocimiento, de allí aprendo todo sobre el amor y el desamor, sobre el gusto y la belleza, en esa fuente de sabiduría para aprender a vivir y también a morir.

El sentido del olfato, que es mas que oler, también es físico y anímico, es el sentido de reconocer, es seguir un rastro, recoger una señal para elegir o descartar, es respirar, tomar el impulso que me trae el mundo en una inhalación para intercambiar, para acoger o no.

El sentido del calor también es físico y anímico, es mas que sentirse vivo o sentir la piel, es la vivencia de la luz y la alegría que da el calor o la de la oscuridad y la soledad que transmite el frío, es la euforia o la impersonalidad, es la exageración o la parquedad, es irradiar calidez o frialdad.

El último grupo es el de los 4 sentidos espirituales, que también son físicos, y se relacionan con una necesidad interior que tiene el ser humano de re-ligar con un mundo presentido e innombrable, que no es visible, sin embargo es percibido y traspasa los límites del alma. Talvez habrá una época de la historia en que se llamen los sentidos divinos, cósmicos o suprasensibles, talvez… cuando los humanos elevemos nuestra condición hasta alcanzar otros poderes o cuando nombrar a Dios sea mas sencillo y no un asunto delicado:

El sentido del oído, que es escuchar, o ir al sentir, porque oír hace evocar y vibrar y también sufrir y conmover, o ir mas allá de lo físico, traspasar la oreja y llegar a lugares inexplicables, o ir donde se abre un espacio interior, que hasta parece hacernos comprender algo, que no hay palabras inventadas aún para nombrarlo o n o ir que es estar aturdido o sordo.

El sentido de la palabra que es el de la verdad o la mentira, el de nombrar o callar para formar o desformar el mundo, para confundir o aclarar, es el sentido de expresar, de conocer que mientras los verbos actúan, los adjetivos sienten y los sustantivos piensan, juntos palpitan en el gesto, en el tono y en la voz de cada letra.

El sentido del pensamiento que es el sentido de las relaciones entre todo lo que existe y lo que sucede, resume la actividad humana en la inspiración o en la falta de brillo en las ideas, es el reflejo coherente o disociada de la vida en imágenes o palabras.

Y el sentido del YO de los demás, esa capacidad de percibir a los otros, de leer en mi interior sus características, de reconocerlos, validarlos, de adivinarlos, algo tan íntimo, que es intuición y también la experiencia de aquello llamado esencia que se traduce en saber o no a quien es el otro cuando me encuentro con él.

Año 2015- Cualquier lugar del planeta tierra - El parque está atestado de gente, desde las vidrieras del spa, se alcanza a ver la plaza en la que se entrelazan puentes de madera y hierro, con terrazas donde los niños, corren y juegan a mojarse, con los chorros juguetones que brotan del piso. En las tarimas, cerca de ellos, todos pueden ser saltimbanquis, músicos, teatreros y espectadores. Los espacios sembrados de flores donde los viejos pasean por el prado, se combinan con espacios abiertos, con cúmulos de arenilla y piedra, que se ofrecen para que todos puedan moverse y explorar con sus sentidos. Alcanza a ver en las explanadas a los adolescentes en corrillos cantando, abrazados, besándose, mientras en los puestos de comidas, sentados en mesas y bancas, jóvenes y adultos comparten canciones, palabras y vinos.

Inmerso en la piscina de piedra natural, está él, absorto, mirándoles a través de los cristales. Los olores de la lavanda, la canela y la mandarina, llegan en pequeñas oleadas, marcadas por los sonidos dulces y vibrantes, de los móviles de metal y de vidrio ubicados en diferentes sitios del spa. El agua esta tibia y los chorros en las paredes, hacen masajes en sus piernas. Piensa que ahora es posible explorar los sentidos hasta, "…la realización final de su capacidad" como diría Aristóteles, la misma capacidad sensorial que en otras épocas, fue reprimida por ser origen de pecado. Mueve su mirada hacia las personas que como el, desde la piscina están percibiendo el mundo, afuera y adentro. Sale del agua, se sirve un té de frutas y se sienta a beberlo en una poltrona acolchonada por cojines, frente al gran ventanal.

El ventanal dibuja un gran cuadro de la ciudad que se mueve al ritmo del sentido de la velocidad; ese desplazamiento que va hacia adelante, ese movimiento que puede bloquear la experiencia sensorial: la fuente de la creatividad, ese mismo desplazamiento que es capaz de sobrepasarse hasta el acelere desmedido o hasta la lentitud desesperante.




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