sábado, 25 de julio de 2009

Suicidas madres e hijos




Suicidas, Hijos y Madres

Por: Jesús David Valencia

¿Cuántas cosas puede ser un hombre? En una cuadra de barrio cualquiera un hombre puede ser guachimán, barrendero, abogado, tendero, profesor de educación física, profesor de ciencias sociales, asesino, violador, pastor de iglesia pentecostal, predicador del fin del mundo, amante, enterrador, monaguillo de 60 años, escritor, fotógrafo, actor, director de obras civiles, de obras sinfónicas, de obras públicas, un hijueputa.

En cualquier cuadra de barrio un hombre puede ser casi cualquier cosa.

Vincent Willem Van Gogh fue un gran curador de arte, un gran predicador y un gran pintor. Fue afortunado, intenso y fuerte: ahora solo una fortuna podría intervenir para darse en privado a uno de sus cuadros; produjo 900 pinturas y 1100 dibujos y borradores durante los últimos diez años de su vida; disparó un revólver en su pecho, caminó hacia su casa y murió dos días después. Fue quien antecedió con "Ronda de Prisioneros" el estilo del cómic estadounidense de los 80's con más de cien años de antelación.

Vincent Williem Van Gogh fue muchas cosas. Hasta suicida[1].

Relata Igör Pitushvka en el Martirio de Santa Sofía que aquella mujer, antes de conocer la enseñanza cristiana, fue reina en solitario de un pequeño territorio y de un gran número de vidas, y fue madre de un único hijo que la empaló.

Conozco a una mujer que parió cuatro veces y que es predicadora de iglesia protestante, pintora de cuadros primitivistas, maestra en la confección de velas decorativas y de pasamanería de alta costura, creadora de murales en mola, ex-vendedora estrella de una línea de cosméticos franceses, ex-practicanta gnóstica y ex-miembra de Amnistía Internacional, entre otras cosas.

La primera de las cosas que, expuse, hizo mi madre, me es irrealizable; incluso lo fue para Van Gogh; incluso para cualquier hombre. Para Santa Sofía fue una curiosa forma de morir (morir, por fortuna, lo podemos hacer todos).

Santa Sofía parió a su propio asesino. Van Gogh murió por su propia mano. Mi madre parió a un hombre que gusta de leer y de videojugar más que de cualquier otra cosa. En una ocasión le dijo: "si seguís así, vas a suicidarte el bolsillo".

Reza el aforismo que las circunstancias determinan el carácter de los hombres y las mujeres.

Un pintor incomprendido persiste y pinta, incluso en un mismo lienzo, una obra maestra sobre otra, porque el dinero no le alcanza para hacerse con el material necesario. Una mujer intenta hacer del cristianismo la religión oficial de su reino y su propio hijo, un general de hombres, la empala por insensata, por "buscar el suicidio de su propia tierra con una enseñanza que aborrece los sentidos y condena a los hombres a adorar cosas invisibles". Otra mujer, que ha ejercido diversos oficios para no morir de hambre -una forma de suicidio- teme por un hijo que no hace más que "perder el tiempo con cosas que ni siquiera se pueden tocar", como las palabras y los videojuegos, y que no ejerce un oficio que le reporte dinero suficiente para comer con holgura.

Un hombre puede ser muchas cosas: genio, pintor y suicida; gran general, pagano y asesino de la mujer que lo parió; holgazán, intento de escritor y preocupación constante de su madre.

De todas las cosas que puede ser un hombre existe una que siempre será y una que nunca podrá ser: un hombre siempre será un hijo. Sin embargo, por más que lo intente, un hombre nunca podrá ser madre.

Aquel nos es un oficio y un conocimiento vedado.

Por: Jesús David Valencia



[1] Suicida es un sustantivo póstumo: rara vez un suicida se presenta a sí mismo; nadie puede ser ex-suicida: se es suicida o se es un fracaso de suicida.

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