sábado, 30 de mayo de 2009

LA PÉRDIDA.

Por: Leidy Rivera


Aquél viernes llegué a casa luego del colegio. Había sido un día interminable. Estaba cansada, pero mi cuerpo pedía diversión después de una semana extenuante. Recordé que aquella noche tenía una fiesta en la casa de Sofía, no era mi gran amiga, sólo una vecina extrovertida. Agotada, me lancé sobre la cama a descansar durante una cuantas horas. Impaciente, desperté, el reloj nunca sonó. Pensé en aquella blusa roja. Finalmente quedé lista para salir, eran aproximadamente[JC1] las 8:00 pm, pero faltaba algo.

Al sonar el timbre, pensé que era mamá, fui a abrir pero no, Carlitos ¿Qué hacés aquí? ¡Vengo por vos, cómo habíamos planeado!

Carlitos, era un amigo de la infancia, pero de un tiempo para acá, apenas nos veíamos. Juntos esperamos. Al rato llegó mamá, me acomodó un mechón y me dio un beso. Carlos y yo nos despedimos y salimos. ¿Estoy bonita?, pregunté. Pues sí, contestó.

Cuando llegamos a la casa, entramos[JC2] . Sofía se acercó y nos recibió. La noche surgió. La fiesta empezó hervía. Bailé una tras otra canción sin parar. No me perdí ni una. Yo jamás bebía, sonaba de mamá una retahíla[JC3] . Era como escuchar una débil vocecita, qué contaba que era malo pero qué va, el escándalo de la fiesta ahogó la vocecita, endeble como yo, porque quizá lo que se durmió fue mi conciencia. Baile con todos. Vibraba, una inexplicable energía me acorralaba, cada nota musical me sedujo. La música se me metía por los poros y me corría por las venasCarlitos. ¡Ah! lo admito era un idiota. Sofía me ofreció un trago, dije que no, pero insistió, decidida, lo agarre con seguridad y lo bogué. Mí cuerpecito se calentaba y un terrible mareo apareció, lo que obligó a apoyarme en Carlitos y pedirle ayuda. El mareo era cada vez más fuerte, mi cuerpo se desvaneció, mis ojos se cerraron, una nube de humo me rodeaba, blanca, pura y cegadora. No lograba entender. Parecía estar sola. Solo nubes con silueta de mujeres danzaban por ahí. Una voz irreconocible hablaba, no podía moverme, no pronuncié palabra alguna. Aún confiada en la conciencia, escuche de nuevo esa voz. ¡Subamos!.No entendía, empecé a sentir escalofríos y a moverme con torpeza, ¿acaso lo deseaba?, no comprendía, solo escuchaba, entre líneas, pasos y risas. De repente escuché las escaleras, sentí que subíamos el último escalón y tras dos o tres pasos una puerta se abrió. Mí cuerpo fue arrojado sobre una cama. Confundida. Todo daba vueltas, mi cabeza quería estallar. Una mano temblorosa, empezó a acariciarme los muslos y el abdomen con delicadeza. Desabrochó mi pantalón, ya sin temblores. Yo pensaba que nada era verdad, pero no. Luego de bajármelo lentamente, me arrancó la blusa de un zarpazo con tal furia que los botones salieron a volar. Hasta ahí mi blusa roja. Con otro tirón voló mi top. Allí estaba yo, semidesnuda, atónita y desesperada, solo recuerdo que no pude contener las lágrimas y me puse a llorar. Al verme inmersa en tal situación. Ese alguien se lanzó sobre mi cuerpo. Su trabajo empezó, rozaba su pelvis contra la mía, me besaba con frenética lujuria. Sentí repudio y ganas de morir, pues deseo de terminar no tenía.

¿Quien era ese completo extraño que creyó tener poder sobre mi cuerpo? Era sólo un verdugo. Su cuerpo se abalanzaba sobre el mío, se batía una tras otra vez. Entonces se desvistió y me penetró. Un dolor agudo me atravesó todo el cuerpo y me erizó. Aún faltaba lo peor; Marcelita...decía, Marcelita. Fue entonces que en un momento de lucidez, reconocí su voz, era Carlitos. En un momento mi cuerpo se excitó, era un conjunto de placer y dolor. Odié el no poder controlar esta sensación. Una cólera súbita se apodero de mí, por esa otra que gozaba y disfrutaba. Sin más detalles lo logró, gozó y se divirtió. Desde aquel instante luché no solo contra él, sino contra mi cuerpo. Me lamenté cuando todo acabó.

Al día siguiente, mi mamá pregunto cómo me había ido. No supe que contestar. Mi cuerpo, imprudente casi responde ¡Estuvo bien, rico! Pero Marcelita lo calló. Se sintió sucia e infeliz. Más o menos, respondí, sentándome a la mesa.


[JC1]casi

[JC2]la fiesta estaba buenísima

[JC3]¿?



Por: Leidy Rivera





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