jueves, 11 de junio de 2009

Camera obscura

Camera obscura

Hernando Aldana

A

la cámara oscura el espacio básico de la fotografía, es posible seguirle los pasos desde Aristóteles en el siglo IV a.C, quien menciona el estenopo en la Física. Unos cuantos siglos más acá, en el siglo XI el erudito árabe Alhazén describió el fenómeno en su famosa obra sobre óptica geométrica y profundizó su conocimiento casi al punto de entregarnos una cámara fotográfica, pero no, aun no estaba maduro el invento. En el siglo XIII y gracias a los fabricantes venecianos de lentes se va gestando la caja de luz que será empleada por los pintores desde el sigo XVI hasta el XIX, para copiar intacto un paisaje con toda su perspectiva y de pronto para inventar la perspectiva misma, ahora lo que faltaba, era el estudio de los materiales sensibles a la luz.

Alhazen le dedicó una buena cantidad de páginas en el Libro de optica al estudio de la formación de una imagen, gracias a un punto de luz que entra por un orificio -tan pequeño como el que produce un alfiler, de hecho ese tipo de cámara aun se llama pinhole camera- y así sin más ni más, forma una imagen invertida de lo que sucede afuera.

Todos hemos tenido el fenómeno frente a nuestros ojos, pero no todos lo han visto, posiblemente porque nuestra mente no es muy buena interpretando una imagen invertida, aunque los esquimales, para quienes el permanente contacto con un mundo donde la diferencia entre el arriba y el abajo es ninguna, no tienen inconveniente en observar por ejemplo una revista al revés y entender todas sus gráficas y fotografías.

La otra razón posible es que nadie espera que algo que este afuera de un cuarto, entre por un orificio llevado por la luz y se reintegre en la pared opuesta invertido y además gozando de movimiento.

Para los pueblos durante una época más bien larga cuando el tiempo no era una magnitud tan valiosa como el oro, tenían mas espacio para el ocio, para la observación, para la reflexión de todo lo que acontecía, poco o nada se les escapaba a la curiosidad que despertaba en ellos todos los mensajes que pescaba la red de los cinco sentidos.

Así que uno es dado a pensar que el registro de estos fenómenos es cosa relativamente reciente, tres mil o cinco mil años atrás y se circunscribe a los documentos escritos, por lo tanto, -cree uno- las pinturas de las cuevas de Altamira, Lascaux mucho más antiguas son otra cosa, manifestaciones artísticas, religiosas, o la expresión de un poder del hombre de las cavernas sobre la naturaleza, de una capacidad para modificar los espacios y apropiarse de ellos.

Hay que tener en cuenta que el hombre primitivo entra en las cavernas, previo desalojo de los animales que la habitaban, generalmente fieras que implicaron la planificación y el trabajo en grupo para lograrlo. Que posiblemente usaron el fuego y el humo como arma esencial y los garrotes. Que una vez logrado el desalojo de la cueva el paso siguiente era conservarla, así que se valieron posiblemente de piedras, para hacer la primera puerta y dejar el peligro afuera.

Que alguna vez una fiera al exterior de la cueva fue iluminada por los rayos de luz que empezaron a filtrarse por un pequeño orificio de esa burda puerta hasta dar contra el fondo de color claro de la cueva –indispensable- y necesariamente por ese casual orificio entró en un rayo de luz, un animal que se paseaba ansioso frente a la cueva, tratando de recuperarla y se reflejó invertido contra la pared del fondo.

Me parece escuchar el murmullo de asombro, los gruñidos de las tres o cuatro familias al

ver el movimiento de algo en esa pared contra la que el rayo de luz incidía, luego, atentos escrutando ese movimiento, se dieron cuenta que era una fiera expulsada.

Crece el murmullo y los gruñidos.

Uno de los más curiosos se asomó por el orificio, tapando la luz por donde entraba el animal y para sorpresa de todos, el animal desapareció.

-Ooooh se escucho en toda la cueva.

-Oh! Dijo el curioso, viendo el animal afuera y al instante espantado quitó el ojo del orificio.

Pasaron mucho años quien sabe cuantos, y tal vez el hombre más curioso, quien sabe si para conjurar el peligro o por el enorme gusto de crear un animal dentro de la cueva y así manipular con su prodigio al resto de la tribu, ensopó en tinte de raíces un improvisado pincel y lentamente empezó el ensayo de crear uno de los animales desalojados y fijarlo definitivamente sobre la roca y dejarlo ahí inerte, inofensivo hasta el remoto momento en el futuro en que un asombrado arqueólogo que deambula por la cueva se encuentra un rebaño de alces preciosamente dibujado y de nuevo después de diez mil años de silencio, se escucha un ¡Oh! sostenido que aun no termina y luego el fogonazo del flash que ilumina el rebaño de alces sobre la roca, que luego pasarán por el lente, y se fijarán invertidos sobre la placa sensible como imagen latente al fondo de la cámara.

-Oh! repite el hombre en el cuarto oscuro al revelar la placa.

Cuatro de junio de el año 2009


Por: Hernando Aldana Velasquez

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