miércoles, 3 de junio de 2009

Un Investigador de Prestigio



Por: Nicolás Bruno




Se necesitaba de una mezcla apropiada de inocencia, juventud y codicia para prestarle ojos a esos papeles. Entre el polvo parecían condenados al olvido. Pese a esto, Jorge Luís Brimaher escuchó un leve llamado proveniente de aquella carpeta verde oscuro. Al abrirla, le bastaron unas miradas para saber que tenía entre sus manos un estudio revolucionario. Eran los papeles olvidados de un difunto, Mario Domínguez, un veterano entomólogo. Los robó y tapó en su corazón cualquier espacio al arrepentimiento.

Meses después se adentraba en la selva en busca de aquel espécimen descrito en el documento: un insecto de una rareza tan espléndida que revolucionaria el estudio de estos seres. Según los datos del estudio aparecía cada siete años y por sólo unos cuantos días. Jorge Luís no le veía mucho sentido al dato; sin embargo, podría ser la única explicación al hecho de que no hubiese sido estudiado antes.

Después de varias semanas de caminar bajo las estrellas y descifrar las complejas pistas que había dejado el difunto, dio con él. Era una enorme avispa, tan grande como un ratón; desplegaba colores suaves y delicados, latía en ella un rojo neón que alternaba con un azul claro. Jorge Luís tomó la red para capturarlo. El espécimen estaba justo donde quería. Súbitamente el insecto se posó en el cuello del hombre. Un dolor fugaz e intenso lo paralizó. El luminoso espécimen alzó vuelo, primero se mezcló con las nubes y luego cruzó la atmósfera, una vez fuera del planeta inició un largo viaje de tres años terrestres. Allá, en la lejanía, lo esperaban sus compañeros. Esas células robadas al extraño espécimen lo harían un investigador de prestigio.

por: Nicolás Bruno




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