miércoles, 3 de junio de 2009

LA PROMESA


Por: John Fredy Campo

Sentado en la habitación, mirándome frente al espejo en lo que me había convertido, sentir el aroma de gardenias el aroma de la muerte. Como no recordar a mi madre, un rosario rezaba mamá para pedir por el perdón de papa, las discusiones eran fuertes, ver a papa borracho la sacaba fuera control, y el dolor de las frecuentes infidelidades y maltratos la hería profundamente.

Un día papa no pudo soportar mas los reproches de mamá y decidió enlistarse en el ejercito, tiempo después fue luchar en la guerra de corea y murió. Fue un golpe duro para mamá, sentía que era en parte responsable, ese día se acerco, me abrazo fuertemente y juro que nunca se apartaría de mi lado ni yo del de ella.

Todos los días planchaba la ropa de papa, almidonaba sus sabanas y miraba sus fotos, guardaba su espacio en la mesa y le servia en el plato especial. Los viernes preparaba su comida favorita estofado, y así largo tiempo vivimos.

Mamá enfurecía al verme llegar sucio y con las rodillas raspadas, tuvimos una discusión muy fuerte al respecto, y mamá desmayo, nunca la vi tan pálida y débil, llame al doctor y me informo de la gravedad de la situación, mi madre se acerco a mi y me hizo prometer que haría su voluntad y así lo hice renuncie a mis amigos, a salir afuera.

Recuerdo sus palabras: no te caigas, no corras, no te ensucies, no estudies, cuidado con las niñas eran sus prerrogativas. Mantenerme hundido en la ignorancia en ese mundo de cuatro paredes que había creado para mí, un espejo frente a la cama indagaba en mi sueño.

20 años después mamá murió de cáncer, ahí estaba postrada en su lecho como se lo prometí, los vecinos no tardaron en darse cuenta de lo sucedido y decidieron llamar la policía, hallaron la morada y exhumaron el cadáver.

Todavía guardo el hedor, mezclado con el curtido aire del tabaco. Muchos afiches de modelos pegue en mi pared, las miraba y trataba de reconstruir su cuerpo, perfeccionar su gracia, una mujer parecida a mi madre, solo me borraría la nostalgia. Un nudo en la garganta, otro en los pantalones se liberaron.

No lo pude soportar mas y llame al burdel para solicitar un domicilio, tiempo después tocaron a mi puerta y ahí estaba ella tan rubia, blanca y rojos labios en su fina lencería, me quede inmóvil y ella comenzó sus movimientos , no podía dejar de mirarla y querer poseerla , poco a poco se acerco a la cama y al ver a esta extraña mujer en el lecho en que dormí con mi madre recordé su rostro y enloquecí, la golpee, patee con fiereza, la tire a la calle y le dije ramera , le arroje su dinero y cerré la puerta , corrí a la habitación a mirar la foto de mi madre y llore amargamente, jure nunca mas olvidar su voluntad.

Por: John Fredy Campo

OQUEDA








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