miércoles, 3 de junio de 2009

LA ETERNIDAD

Se aceptan todas las apuestas:

Eternidad, infierno, aventura, estupidez …

Juan Carlos Onetti. Balada del ausente.

Por: Gabriel Ruiz Arbeláez

Cuando se cerró la puerta del horno crematorio, Perla le dijo a Luzmila

- Ahora sí se nos fue "el maluco" y comienza para nosotras la eternidad de la que siempre nos habló.

El día anterior ambas, muy afligidas y llorosas, habían estado en las vueltas y el papeleo que deja pendientes un muerto que se las dio de ateo y que nunca se preocupó por ese trance y menos por lo que había que hacer después. "Los que sigan vivos que arreen", repitió en vida.

Luzmila, la viuda, una bella y delicada mujer, había convivido con Raúl durante los últimos 28 años. Perla, la hermana mayor del muerto, se preciaba de haberlo criado y "casi de haberlo parido". Ella había sido la primera hija en el matrimonio de sus padres y por dificultades de pareja entre ellos, se convirtió desde muy niña en madre-padre de sus cuatro hermanos menores. Al muerto, que había sido el tercero de los hijos, le llevaba casi siete años y siempre tuvo algo de predilección por él. "Cuando niño fue mono, flaquito, cariñoso, muy tímido y de mirada tierna y lejana. Nunca supe cuándo cambió", repetía.

Al funeral asistieron muy pocas personas. Y era de esperar. Bastantes años atrás, los padres y dos hermanos habían muerto. Ahora, con la muerte de "el maluco" sólo quedaban Perla y Gustavo, el menor. Ella estaba por cumplir 70 años y éste, 57. Muy pocos de los quince tíos y tías quedaban y la relaciones entre primos fueron muy lejanas. A ningún familiar le avisaron. Fácilmente se identificaron en la misa funeral a Luzmila, Perla, varios cuñados y cuñadas, unos cuatro amigos de farra y cercanos al muerto, algunos indigentes alucinados y varias ancianas pedigüeñas de perdones y de cielo.

Era de esperar. El muerto, al vivir y superar una agitada adolescencia y culminar estudios universitarios ya había desarrollado, en concepto de "los otros", una personalidad y un talante de hombre duro, frío, lejano, calculador e insensible. De "autista sentimental", lo tildaba su hermana.

Pero la vida es así y no pocas veces rara. Cuando joven, al muerto se le había aparecido la virgen en la universidad. Y virgen en todo el sentido de la palabra, y hembra y bella. Luzmila ingresó a estudiar la misma ingeniería que Raúl había culminado y en cuya facultad ejercía como destacado y apuesto profesor. Las cosas se dieron y terminaron "viviendo bajo el mismo techo" y en el mismo lecho.

- "Maluco" y todo, yo lo amé intensamente. En el fondo fue un hombre cercano y cariñoso - le insistía Luzmila a Perla en la sala del apartamento en donde había convivido 28 años con Raúl.

- Muy, pero muy en el fondo - anotó Perla, pícara y sonriente.

Y la conversación fue larga y nostálgica. Ellas se habían convertido en dos cercanas y confidentes amigas. Brindando, entre risas y lágrimas, fueron creciendo la noche, las anécdotas, las memorias y las frases trascendentales.

- Mientras vivamos, "el maluco" vivirá - dijo Perla.

- Si él hubiera muerto en el accidente que tuvo cuando niño, yo hubiera sido viuda de nacimiento - murmuró Luzmila, suspirando.

En la mesa de centro, en una pequeña caja, las cenizas. Allí pasarían la noche.

El cansancio, tantas memorias y reflexiones y el licor las fueron agotando.

- Habrá que hacer el intento de dormir. Mañana será otro día y la vida sigue.

Miraron con ternura la cajita y, sorprendidas, se tomaron de la mano. Al mismo tiempo habían escuchado:

- Ahí les dejo, pues, la eternidad para que descubran todas mis bondades.

La frase que Raúl, en vida, siempre les había repetido.

Por: Gabriel Ruiz Arbeláez

Cali, Noviembre 2, 2008 .


Su blog personal : http://peldanosdearena.blogspot.com/2006_10_07_peldanosdearena_archive.html


Fundador, en el año 2000, y director del Boletín Cultural Electrónico NTC … Nos Topamos Con … http://ntcblog.blogspot.com/




2 comentarios:

ana maría - penélope dijo...

Buen y cuidado texto, manejo del lenguaje, la ortografìa y la puntuación, lo que es importante. Con un lenguaje sencillo narra una historia completa, porque comienza por el final -las cenizas - y va en recuerdos al principio en un recorrido por la vida del personaje y terminan las cenizas hablando a las dolientes. Es una narración interesante. En un análisis concienzudo el autor recrea un mundo y narra reflexiones psicológicas.
Siempre imaginamos como será nuestra muerte y los ritos que la acompañarán. Es mirarse en el espejo de lo que nos espera más allá, al atravesar la mar.

Carmen Posada dijo...

COMENTARIO A GUISA DE CRÍTICA:

Este es un cuento sencillo de fácil lectura, fluido. Sin necesidad de extravagancias ni rimbombantes adjetivos nos cuenta un momento importante en la vida de Luzmila: el duelo. No hace falta relatar los días siguientes para imaginar lo que continúa en la vida del personaje principal. Ese recurso es muy interesante. La referencia a los pasajes de la vida de “el maluco” no nos están perfilando su personaje, nos hablan realmente de Luzmila y Perla porque el narrador lo que está transmitiendo es el recuerdo que tienen, la imagen que guardan del muerto. Ese juego del narrador está muy bien manejado al insertar los diálogos y con ellos reafirmar lo anterior.
El título se engancha bien con la frase final de Raúl, sin embargo el concepto de que la “eternidad” no es el más allá sino el tiempo que tendrán los supervivientes para extrañarlo, recordarlo, redescubrirlo, etc., no queda lo suficientemente claro. Me parece un poco confuso. Pero hay que tener en cuenta que al lector tampoco hay que darle todo masticado. Dejé algunas correcciones de puntuación y redacción que pueden mejorar algunas cosas.
Saludos cordiales,
Carmen Posada