miércoles, 3 de junio de 2009

EL PATRÓN


Por: Orlando Cajamarca

Joel llegó empujado desde el exterior y sólo se detuvo conteniendo la inercia frente a la única mesa ocupada. Eran las 10 y 30 de la mañana, afuera el sol canicular hacía hervir el aire y un reflejo intenso iluminaba el interior del restaurante junto a algunos rayos que se filtraban por entre las rendijas del techo de palmiche, dando la sensación de estar iluminando el set de una escena dramática; El Patrón lo mira de reojo mientras sopla una pequeña avispa que se ha posado en el dorso de su mano, ésta vuela hasta la cara de Joel quien la retira con violencia y luego intenta aplastarla con su pie.

– Déjala cabrón - lo recrimina con autoridad -, delante de mí no vuelvas a hacer eso, quién te crees para quitarle la vida a una indefensa avispa que lo único que hace es polinizar los campos. Sentáte m´hijo.

- Gracias, patrón.

- ¿Qué quieres oír?

- Lo que usted quiera, patrón.

- No, decidí vos. Vos sos mi invitado.

- Una salsita entonces, Patrón.

- Que salsa ni que hijueputa, ¿a qué viniste a bailar o a comer? ¡Mesero! Póngale un bambuco a este marica… esa sí es música de la patria m´hijo: que salsa ni que hijueputa.

El ambiente se ha puesto tenso y frío como el lomo de un cuchillo antes del sacrificio. No vuela una mosca. El mesero está alerta. Joel permanece inmóvil como un soldado en formación.

- ¿Qué mal te hizo la indefensa avispa?

- Casi lo pica, patrón.

-. La próxima vez no la tocas, delante de mí no se mata ni una avispa sin mi consentimiento: ¿entendido?

- Sí, patrón… pensé…

- Aquí el único que piensa soy yo… ¿entendido?

-. Sí, Patrón. Estoy a sus órdenes, Patrón, y firme como fierro.

- Sí, ya lo sé m´hijo. ¿Qué querés comer?

- Lo mismo que usted, Patrón.

- ¿De esto querés comer?… No sea marica, si esto es comida de enfermo, comida para diabético, mandate una bandeja paisa. ¡Camarero!, servile a este güevón una bandeja paisa con doble porción de chicharrón.

- ¡Eso! eso era justamente lo que quería.

- ¿Y cómo esta tu mamá?

El Patrón disuelve dos tabletas efervescentes en un vaso de agua y toma tragos haciendo muecas de acidez.

- Ya la sacamos del hospital… gracias a su ayuda, patrón… Que mi Dios le pague.

- No endeudes tanto al pobre chucho que hartas deudas le vas a tener que pagar el día de tu juicio final.

El Patrón toma un palillo de madera y lo manipula entre sus dientes, Joel come sin levantar la vista, el camarero lo observa de reojo mientras arregla la mesa vecina. Hay en el ambiente un silencio de miércoles en la mañana y el camarero presiente lo peor.

- ¿Y tu hermanita ya cumplió los quince, cierto?

- Sí, señor. Responde Joel con la boca repleta de comida.

- Quince añitos... un "boccato di cardinali".

- Es una niña todavía, Patrón.

- Debe de estar linda la cagona...

Joel come con voracidad sin levantar la cabeza del plato, el Patrón da una señal y la puerta de ingreso es cerrada desde afuera.

- Llevas bastantes días sin probar bocado, ¿cierto m'hijo?

- Sí, patrón.

- Por marica

- Sí, Patrón por marica, es que uno a veces es un pendejo y se deja empendejar. Pero de ahora en adelante cuente conmigo que no le vuelvo a fallar Patroncito.

- Deja de hablar güevonadas y come

Joel come mientras observa por encima de sus cejas al patrón que se corta las uñas con una pequeña tijera, mientras da vueltas en su boca al fino palillo de madera.

- Ya verá usted, patrón, cómo de ahora en adelante.

- No hables más güevonadas y seguí comiendo… Camarero, dale otra bandeja con triple porción de chicharrón, que este marica lo que tiene es hambre.

- No quiero más, patrón, ya estoy lleno.

- Coma m'hijo, coma.

El Patrón acomoda su silla frente a la de Joel y le da comida como a un bebé.

- Eso, así m'hijo, así está mejor.

Joel come con dificultad, tiene los ojos brotados e inyectados de sangre

El camarero sube el volumen de la música.

- Está rico. patrón… muy rico.

- Camarero, tráele a este marica una taza de mazamorra con panela.

Joel trata de vomitar e intenta pararse, El Patrón lo detiene.

-No quiero más.

El Patrón le abre la boca con la cuchara y le empuja con violencia la comida.

-Coma, m'hijo, coma.

Joel vomita sobre la mesa, entran dos hombres corpulentos y lo sacan a empujones.

- No olviden darle su porción de postre para que se vaya llenito y contentico.

- Como ordene, patrón.

- ¡Camarero! Subile el volumen a esa maricada.

El camarero sube el volumen del equipo pero éste no alcanza a ocultar el sonido de varios disparos en el exterior

- Desea algo más El Patrón…

- Silencio, sólo quiero silencio.

El camarero silencia el aparato. El Patrón se levanta, se acomoda el sombrero y sale.

Fin

Por: Orlando Cajamarca

Orlando Cajamarca es el director general de la organización teatral Teatro Esquina Latina http://www.esquinalatina.org/marcoesquina.html

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