sábado, 18 de abril de 2009

El cuento, una opinión

Por Fernando Gallego

D

esde tiempos inmemoriales una de las actividades más gratas a los hombres fue seguramente reunirse alrededor del fuego en noches insomnes a rememorar las historias de sus héroes, las aventuras de sus clanes, de las reuniones de clanes, de sus migraciones, de sus cacerías, en fin toda clase de entretenidos relatos que irían conformando el acerbo de lo que más tarde llamaríamos historia. Muchos, la mayoría, debieron perderse con el duro trasiego del tiempo. De la época de las cavernas no nos queda ningún relato, no olvidemos que ya se trataba de Homo Sapiens Moderno y tuvieron una continuidad de decenas de milenios. Pero no debe quedarnos la menor duda de que intercambiaron entre clanes animosos e entretenidos relatos, que algunos o algunas "cavernícolas" guardaban fielmente en sus, a no dudarlo, potentes memorias.

Ya en nuestros tiempos históricos tenemos, y gracias a la escritura, de la cual se dijo que sería la muerte de la memoria de los hombres, colecciones de relatos , que atravesando fronteras nos han llegado desde países lejanos, adaptándose a su paso, a los usos y maneras de por donde iban pasando. Así tenemos Las mil y una noches, quizá provenientes de la milenaria India; los cuentos de Calila y Dimna de la misteriosa Persia. En nuestras tradiciones los Cuentos de Canterbury de Chaucer y los relatos de Boccaccio en el Decamerón quizá sean las primeras transcripciones de este género "EL CUENTO".

El Cuento como su nombre lo indica eran relatos para ser contados, se les comerciaba oralmente, y así fue durante varios, tal vez decenas, de milenios, hasta antes de las radio-novelas pero sobretodo hasta las telebobelas, cuando estas tradiciones fueron condenadas a muerte.

Han salido al paso los "cuenteros" horrible nombre que se auto asignaron personas, casi siempre relacionados con el teatro, tratando de revivirlas, pero considero que aunque laudable, fue tardía su presencia, ya que los veneros que las nutrían desaparecieron, al menos eso creo, porque por ejemplo los famosos cuentos de Pedro Rimales, de Cosiaca,( casi siempre escatológicos), los del Patojo, los del Tío Conejo y otros que se me escapan, campearon por todas nuestras geografías desde Argentina hasta hasta México, ya nadie los recuerda. Los mayorcitos de nosotros que tuvimos la suerte de ver "La posada de la sexta felicidad "recordamos gratamente aquellas escenas donde un muchacho por las noche les alegraba el rato a los abandonados de la fortuna, en los refugios proveídos por el gobierno chino, para sus noches invernales, contándoles cuentos.

En el siglo XIX un señor de nombre cantarino, (Ed) Garalán y de apellido de Poesía incompleta, y otros doctos comenzaron a escribir , un género nuevo, y lo llamaron CUENTO, eran relatos casi siempre complejos, no para el vulgo, y luego redactaron unas normas que se debían acatar hasta que , como bien dijo JCL, llegaba un geniecillo y las irrespetaba con tal maestría que eran aceptadas por los críticos, el asunto se fue enredando y dentro de este género se fueron asilando otras formas que no encontraban acomodo en ninguna otra. Llama la atención que se llame cuento a los cortos, como "soñó con un dragón y cuando despertó allí estaba", o "soñó que era una mariposa y cuando despertó no sabía si era un hombre que había soñado ser mariposa o una mariposa soñando que ser un hombre".

No voy a nadar contra la corriente y acepto que los puede haber geniales, pero vaya y cuéntelos a un auditorio que se ha reunido para oír cuentos de cuenteros, y lo menos que le pasa es que se quede perplejo, o que lo silben. Propondría darles un nombre propio como Ku-Hai.

Encuentro, que la relación entre el cuento milenario y el docto, es la misma que hay entre los jardines y los libros de jardinería.

Cuando examinábamos los cuentos de nuestro admirado Orlando Cajamarca, dije que como cuentos eran malos, el alboroto que formamos no me dejó terminar mi aserto, quería decir que como sketchs de cine, o como una escena de una obra de teatro, los encuentro formidables.

El docto no solo se impuso como un importante género sino que se apropió del nombre del tradicional, y hoy estamos seguros, al menos en el taller y otros círculos, que cuento es el docto, el moderno, el libro de jardinería; los jardines: antiguallas.

Por: Fernando Gallego