jueves, 12 de noviembre de 2009

SOBRE EL BARON RAMPANTE Y SU REBELDIA

Winston Espejo

Ahora, trepado en un samán en el que he tomado un sinnúmero de precauciones, con mi libreta de notas y un lápiz a cuestas, recuerdo a Cósimo Piavasco de Rondó, protagonista de "El Barón Rampante", quien a los doce años renunció a su familia y a la comodidad que ella representaba, subiéndose a los arboles para no descender jamás.

La obra se desarrolla con una prosa excelsa; la descripción que el narrador, hermano menor de Cósimo, hace de los árboles, el paisaje y su noble familia es impecable. Por momentos se agradecerá al follaje protegernos del sol de Ombrosa, correrá el viento de mar junto a nuestra avidez de lectura, trepará el lector, de la mano con el púber, por los almendros y los cerezos floridos; respirarán ambos el olor del látex de los pedúnculos; desearán decorar los nogales con musgo y orquídeas hasta convertirlos en su exclusivo refugio. Y enamorados de Viola Ondariva, la rubita egoísta, se arrepentirán del orgullo que la dejó partir para siempre.

Pero más que eso, el libro entero es una oda a la rebeldía, una metáfora de la renuncia al confort y al buen nombre, una bofetada a las pretensiones elitistas y a las costumbres rigurosas representadas en la época – 1767 - por una familia conformada por el insípido y manso Arminio Piovasco de Rondó, padre de Cósimo, y una madre con ínfulas de generala: Corradina de Rondó. Junto a ellos, en la mesa del comedor, también se sientan: Battista, hermana mayor de los imberbes; el abate Fauchelafleur, su preceptor; y el abogado Enea Silvio Carrega, hermanastro del Barón. Todos, con unas personalidades divertidas e insospechadas.

Al término de la lectura, podrían algunos lectores preguntarse: ¿Y cómo ser rebelde en un mundo donde abundan los rebeldes? ¿Acaso rebelándose contra la rebeldía? ¿Sumiéndose en la desidia donde prevalece la productividad? Otros, identificados con el púber, pensarán en las disertaciones que sobre el asunto hace la sicología moderna. Qué faltó esto o aquello, que el Barón y la madre fueron incapaces de ver las señales que pronosticaban su comportamiento, que la conducta del hijo fue sólo el desenlace del frío de su hogar. En fin, tanto puede suscitar el tema ¡incluso algún osado afirmará que Cósimo ingería sustancias psicoactivas! que prefiero dejarlo como punto de partida a la generación de los cuestionamientos de cada universo lector, quien deberá considerar que mucho antes de escribirse la obra, Arthur Schopenhauer ya había concluido que "La rebeldía es la virtud original del hombre", razón por la que hoy no debería sorprendernos que abunden los rebeldes sin causa y se pregone "la rebeldía por rebeldía", enfermedad de rápido contagio y estrambóticas consecuencias, de fácil confusión, además, con el capricho. De hecho, quien me recomendó la obra, un pequeño burgués de quien la familia esperaba un hombre de negocios o un doctor de lujo, después de desarrollar en Harvard toda una carrera con honores, prefirió, a escasos días del grado, dejar a padre, madre y hermanos viendo un chispero. Todo, confesó unos años después, por tener que ejercer como ciertos menganos que a él le fastidiaban.

También en la primera página de la obra, cuando el muchacho rechaza un plato de caracoles y corre a treparse a una encina gritando:" ¡…no quiero y no quiero!", el asunto puede parecer un capricho; lo que viene después, la expectativa que flota como una hoja sobre un río de letras magistralmente dispuestas, es clara muestra de lo que para Ítalo Calvino, el autor, significó el tema.

Cósimo, orondo desde las ramas, cumple su palabra de no bajarse nunca más. Y soportado en su promesa, en la comarca que creó, inicia a ayudar con espíritu emancipador a los pobres que lo circundan. Es tanta su influencia, que convierte a un bandido, Gian dei Brughi, en un lector adicto (de paso libera al pueblo de sus garras). Fabrica casi todos los utensilios que necesita y se vuelve experto en las artes más diversas; un buen número de asociaciones gremiales o hermandades de oficios, como la de los Zapateros o los Sombrereros Concienzudos, lo acogen y se jactan de contar con un miembro de noble alcurnia, desbordado ingenio y real desinterés.

"Cósimo comprendió que las asociaciones hacen al hombre más fuerte y ponen de relieve las mejores dotes de cada persona, y dan una satisfacción que raramente se consigue permaneciendo por cuenta propia: ver cuánta gente honesta y esforzada y capaz hay, por la que vale la pena querer cosas buenas"

O sea una rebeldía proactiva, cercana a la filantropía y lejana de distanciarse del mundo porque si, el otro extremo de quedarse en la última pieza engordando y maldiciendo al prójimo, al perro y cada una de sus pulgas; o reclamándole, a falta de poder gritarle unas cuantas verdades a tantos que lo merecen, las falencias al tendero de la cuadra. "Una rebeldía no violenta, sin sangre y sin lágrimas" dijo Mahatma Gandhi. Una rebeldía fundamentada, opuesta a la de llevar la contraria sin razón distinta a ver los rostros pasmados de los demás (conozco a muchos que odian un partido si sus amigos pertenecen a él, denigran de un libro cuando los comentarios son a su favor, y amantes de la justicia y los negocios transparentes, idolatran al presidente de la república cuando la mayoría habla de su espíritu corrupto y embaucador).

Pero "¡Cuidado, hijo, hay quien puede mear sobre todos nosotros!" dice el Barón en un pasaje del libro a Cósimo.

Así pues, nuestro amado rebelde se prepara para resguardarse de las consecuencias que el orín puede tener sobre su dorso. Y no sólo en la administración de los negocios familiares sino también en el manejo de la espada; poco antes de seguir el entierro de su padre, pasando de un árbol a otro y dejando una ramita con hojas sobre su ataúd, liquida a unos piratas que intentan robar al pueblo. Luego, enfrenta a Don Sulpicio, cura de una gavilla de españoles que viven en los árboles y que denominándose a si mismo brazo de la santa inquisición, quiere ultimarlo.

Más tarde, ya Barón, parado sobre el gran nogal de la plaza, toma actitudes de viejo y se divierte contando exageradas historias con variantes y finales distintos. Hasta que un día, Optimo Máximo, su perro, lo lleva a donde su antigua dueña: la rubita Viola Ondariva, única capaz de poner a tambalear su rebeldía.

Ésta es, a grandes rasgos, la obra que me impresionó: al punto de llevarme a trepar un árbol y escribir, en su copa, mi opinión (espero que en un futuro no me lleve a renunciar a mi empleo); da evidencia de la maestría con que se pueden armar las palabras, da origen a múltiples y explayadas discusiones, incluso la de preguntarse si la rebeldía tiene cabida en el amor, o viceversa. Pero como en realidad me rebelo a ese debate y, además, he estado a punto de caerme unas tres veces y rebelarme contra estas letras, mejor, y contrario a Cósimo, mientras me pregunto qué quiso decir Schopenhauer con eso de que "La rebeldía es la virtud original del hombre" desciendo…

Creo que debe relacionarse con las rebeldías que cada uno de nosotros alberga: la señora contra el esposo que la colma de demandas. La otrora Lolita contra el tiempo. El ejecutivo contra el jefe que sintiéndose solo no le queda otro camino que llamarlo y reprenderlo todo el día. El monaguillo con el cura que le muestra el camino de Dios, el perro con el amo, el indigente que acorta el paso al cruzar la avenida (si lo atropella un auto descansa, sino, que baje la velocidad el miserable). Y todo subordinado o aquel que se sienta sometido. No voy a mencionar al pueblo y su dictador, a oprimidos y opresores. Tampoco al enfrentamiento de nuestras revelaciones de hoy con las ideas de ayer.

O tal vez, simplemente, el gran Schopenhauer quería decir que la el origen de la rebeldía reside, como en la obra, en un plato: el prohibido que no debían comer Adán y Eva.

REFLEXIONES SOBRE PSICOANÁLISIS, LITERATURA Y TEATRO (FRAGMENTO)

Orlando Cajamarca

Hablar del psicoanálisis y el teatro remite inmediatamente al texto dramático y su relación al tramado mítico del mismo, pues no podemos olvidar que es justamente en esta textura que Freud encuentra el tejido básico de su "Complejo de Edipo". Freud encuentra desde su punto de vista que en esta tragedia subyacen una serie de relaciones, padre (Layo) - madre (Yocasta) - hijo (Edipo), que conforman el material mítico original de lo que hoy se conoce como Complejo de Edipo. Esto no quiere decir que Edipo inventó esta relación o que Sófocles intentó conscientemente revelar este drama, no, el tejido de estas relaciones está a pesar de Sófocles como autor y de Edipo como personaje de la ficción; tampoco quiere decir que es en este juego de relaciones en la que radica la fuerza poética del drama de Sófocles.

Estamos ante la misma paradoja de la manzana newtoniana, no fue Newton quien creó la fuerza de gravedad y no fue ese día en que una manzana cayó ante los ojos del observador, que apareció la fórmula matemática de que la gravedad atrae los cuerpos hacia la tierra a una velocidad de aceleración equivalente a 9.8 metros por segundo al cuadrado. Newton estableció un nuevo punto de vista para la época, una revolución que permitió revelar una fuerza que ha estado ahí a través de los siglos de los siglos y que a pesar de los hombres y de su conciencia de la misma, opera sobre toda materia o sobre toda masa. El pensamiento Newtoniano permitió crear las reglas de la mecánica y junto con la lógica cartesiana instalaron una cosmovisión, que iluminó por muchos siglos el pensamiento racional de la humanidad. Hoy su pensamiento sigue vigente y sus leyes siguen actuando sobre la masa y el pensamiento hace parte de la existencia, pero nuevos puntos de vista, nuevos enfoques ampliaron esta cosmovisión y ahora sabemos que las fuerzas de la mecánica operan hasta el límite de la velocidad de la luz, que una masa sólo se mantiene como tal hasta estos límites y que el tiempo se contrae etc.

Pues bien, el pensamiento psicoanalítico también es un punto de vista, es una manera de abordar la condición de lo humano. Como la creación artística es patrimonio absoluto de lo humano, el psicoanálisis entonces ha abordado su naturaleza y en un proceso dialéctico ha establecido un feed back que permite la retroalimentación entre el arte y sus posibilidades de análisis.

Como todo enfoque, punto de vista o cosmovisión novedosa genera lo que llaman los antropólogos cuando se refieren a ciertas conductas primitivas, el misoneísmo, el psicoanálisis ha creado muchas resistencias que se mantienen hoy a pesar de sus 100 años de existencia como disciplina que se ocupa del inconsciente y sus leyes. Estas resistencias en el campo de la psiquiatría y de la psicología, son de su competencia directa pese a que gracias a él han redefinido su terminología y hoy gozan de un alfabeto y de todo un rico y amplio diccionario. En el campo de la filosofía y el arte, esta resistencia se torna más aguda, pues muchos críticos de arte, narratólogos, semiólogos etc., consideran el discurso psicoanalítico como una especie de prefecto de disciplina que recorre los pasillos de la ciencia y el arte asomándose por los ojos de la cerradura para sorprender in fraganti a los perversos en sus rituales privados. Unos lo rechazan por temor a ser sorprendidos, otros porque consideran que el psicoanálisis es el estudio del inconsciente como algo de índole neurótico o psicopatológico y que nada tiene que ver con una mente "normal". El psicoanálisis no agrega ni quita, simplemente evidencia las leyes del inconsciente que están ahí a pesar de todo. Muy célebre resulta la famosa anécdota de Freud cuando en un congreso de psicoanalistas uno de ellos relata una serie de experiencias y estudios con algunas tribus de la Nueva Guinea, concluye su intervención, este psicoanalista diciendo que con esto queda demostrado que los habitantes de la tribu en mención no pasaban por la fase anal; ante este enunciado categórico Freud en su acostumbrado estilo responde "sería muy interesante conocer esa clase de ser humano que al parecer no caga".

El abordaje de los hechos artísticos desde el punto de vista del psicoanálisis no reduce el hecho artístico a un fenómeno psicológico. Una obra teatral, cinematográfica, literaria, poética puede permitir un buen análisis psicoanalítico sin que por ello sea una buena realización artística. Lo que sí es claro es que toda narración literaria, teatral y cinematográfica que implique relaciones humanas con conflictos humanos y que tenga una poética elaboración que la consolide como obra artística, debe sin excepción permitir un análisis psicoanalítico denso y complejo.

El psicoanálisis y los psicoanalistas en el sentido más amplio del término, es decir, no necesariamente los que se ganan la vida en la cabecera del diván, han abordado con mucha genialidad grandes clásicos de la literatura. Para citar algunos, el estudio sobre la "Montaña Mágica" de Thomas Mann y la obra de Dostoievski emprendida con maestría por Estanislao Zuleta, los estudios de Lacan sobre la obra de Poe, especialmente el rico y agudo análisis sobre la "Carta robada" donde entre otras cosas Lacan anuncia uno de sus principios fundamentales al decir que "el inconsciente es tan evidente que no se ve", los estudios sobre la música de Oscar Espinosa y los mismos textos de Freud recogidos en el antológico texto "Psicoanálisis del arte".

Este tipo de análisis de la literatura un tanto académico es el que más se ha abordado desde el punto de vista psicoanalítico y en él se busca encontrar las porosidades del texto, la otra escena, para descubrir el tejido mítico que lo constituye tal como lo propuso Freud en sus estudios sobre la tragedia. Por este camino podría proponer un análisis psicoanalítico de los dramas inconscientes de los personajes de García Márquez, especialmente los de su obra "Crónica de una muerte anunciada", donde podemos vislumbrar todo el tejido de casualidad y causalidad que antecede a la ansiada muerte de Santiago Nasar, podríamos develar claramente la estructura familiar de Santiago Nasar, podríamos encontrar que así como Santiago Nasar fue un hijo no deseado, su muerte fue deseada por su madre, podríamos también develar de qué manera. Angela Vicario se "realiza" sexualmente en la muerte de Santiago Nasar etc. Que el texto garcíamarquiano permita este análisis es un argumento más para ratificar la riqueza poética de García Márquez, pero desde ningún punto de vista constituye esta la razón de su grandeza narrativa; claro está que si el texto no permitiera este análisis "Crónica de una muerte anunciada" no sería una gran novela….



EL ARCO

Fernando Gallego

Hace ya varias decenas de milenios de años que el homo sapiens moderno ante la dureza de las pieles de las grandes bestias tuvo que ingeniárselas para potenciar sus armas arrojadizas, los venablos impulsados solo por su, a no dudar, fortísimo brazo, no penetraban en la piel de los mamuts, probablemente tampoco la de los rinocerontes lanudos y podría ser que tampoco la de los ciervos gigantes.

Sin embargo la necesidad, madre de la industria, de piezas de caza grandes, seguramente lo llevó a las lanzaderas, que duplicaban la palanca que arrojaba las jabalinas, mediante un simple e ingenioso dispositivo. Pero aun las condiciones eran precarias lo que causaba frecuentes accidentes. Los abuelos neandertalenses, siempre tan conservadores, nunca llegaron a usar armas arrojadizas, por eso sus osamentas fósiles muestran esa enorme cantidad de fracturas.

Finalmente algún Edison prehistórico, descubrió que una rama flexible, atada con una cuerda por sus dos extremos, podría liberar la energía necesaria para arrojar una lanza pequeña con tal impulso que le permitiría permanecer mas alejado de tan peligrosas víctimas y con un poder de penetración no conocido hasta entonces. La dieta mejoró considerablemente y su seguridad aumentó. Había nacido el arco que lo acompañaría hasta hace unos pocos siglos como arma y hoy como un artefacto para competencias.

Con el inicio de la agresión entre semejantes, que ya no lo abandonará jamás, el arco, que posteriormente sería conocido como "arco corto" empezó su carrera evolutiva hasta lograr su optimización, consolidándose como un arma letal e indispensable en sus infaltables guerras.

Inicialmente se le concedió poca alcurnia, era de cobardes no enfrentar al enemigo cuerpo a cuerpo, pero, de todos modos, ejército que se respetara tenía su batallón de arqueros.

Estos arcos ya optimizados tenían un alcance de unos trescientos metros, y un buen arquero disparaba sin dificultad un verdadero chorro de flechas.

Finalizadas las cruzadas se popularizó una nueva arma, debemos aquí hacer justicia con los chinos que por aquellas calendas ya hacía mas de un milenio, habían construido las primeras ballestas, y la habían desarrollado hasta niveles que no alcanzaron los europeos y de la que se llegó a pensar significaría el final de la civilización, los dardos lanzados por una ballesta penetraban las cotas, sería el final, tendría que tratarse de una jugada del demonio. Las ballestas tenían un alcance de unos cuatrocientos metros.

Pero, tenían su pero, eran lentas en su operación, no podían competir con el arco en la cantidad de dardos arrojados en un cierto tiempo. Desde su aparición los ejércitos contaron con batallones de arqueros y batallones de ballesteros.

Las huestes del invicto Alejandro de Macedonia, "el Grande", cuyos ingenieros fueron parte importante en su arrolladora e invencible marcha por los países de oriente, también la desarrollaron, o la heredaron de los chinos, pero volvió a perderse de la memoria de los generales.

Algún tiempo después los ingleses, engendradores de casi todos los males del planeta, aparecieron con batallones muy entrenados y con soldados de una especial corpulencia, que lograban tensar con agilidad los que se llamarían "arcos largos", estos tenían el alcance de las ballestas y la agilidad de los arcos cortos. Tenían eso si que ser permanentes, me refiero a estos contingentes de matones, pues reclutar gigantones y entrenarlos no era fácil y eso solo lo lograron hijos de la pérfida Albión.

Inglaterra no volvió a perder ninguna batalla hasta la irrupción de las armas de fuego.

El recurso de la nostalgia. Ensayo sobre la escritura de Medardo Arias Satizábal




Por: Ana María Gómez

En esta nota demostraré por qué me parece adecuado usar el recurso de la nostalgia para escribir una pieza literaria. Basaré mi disertación en los textos del escritor contemporáneo Medardo Arias Satizábal* porque he seguido su trayectoria desde que daba su opinión en el periódico El Pueblo de Cali, he leído todos sus libros y una parte de sus escritos como crónicas, poemas, textos, columnas y notas.

Arias-Satizábal aborda temas sencillos, cotidianos, a los que entrevera canciones, al estilo de Andrés Caicedo. Usa los temas - gastados, para algunos - de la ternura, el amor, la añoranza y los recuerdos, para hacer que el corazón se arrugue y sienta, se emocione, lo que es necesario; a veces te aíslas tanto que llega el momento en que pierdes noción de las cosas sencillas de la vida que son las realmente importantes.

Veamos algunos apartes de sus textos: del poema 'Razones para estar vivo': "dulce como tus pezones/ entre el sueño de las sábanas". Tiene un leve dejo erótico y nos narra los sabores y los olores intactos de las frutas del trópico.

De 'Postal de Cali': "voy bañado por una lluvia de infancia/ hacia el hogar musgoso".

De 'Acto de fe': "Tengo razones para creer en ambas historias; en el león marino/ que surcaba el Pacífico colombiano, y en ése néctar de ambrosía/ que mi abuela conservó como la añeja fragancia de una gota/ de colonia en el pañuelo.". De 'Noche de los muertos en Mystic': "me trae hasta los ojos el sombrero volador/ de una hechicera rubia que cruza el puente/ cubriéndose el rostro, mientras/ su escoba se eleva entre un cesto de grillos/ como estrellas." Son textos con memorias de la infancia o del tiempo ido. Veo aquí los recuerdos que se anudan poco a poco con una vaga sordina de melancolía.

Natural de la Isla de Buenaventura, Colombia, Medardo Arias Satizábal publicó en el año 2000 su segunda novela 'Que es un soplo la vida', donde logra recrear momentos y atmósferas mezcladas de una manera que seduce y lleva al lector a través de ese viaje hacia la creación que es la vida entera de Carlos Gardel y su viaje final hacia la tumba. Confieso que al leer este libro tuve que acudir a los tangos e hice una cacería para encontrar otra vez la voz de Gardel en los gramófonos - como lo escuchaban mis abuelos -pues en CD tiene un dejo metálico insoportable para mi gusto personal.

Encuentro mucho de su natal puerto en las descripciones de los lugares y en la lluvia que acompaña toda la vida de Gardel. Arias-Satizábal da vida a un Gardel literario y lo mezcla con datos que son reales e históricos. Tiene algunas imprecisiones de contexto pero no son muy importantes.

En esta novela Arias-Satizábal crea imágenes que son magia pura, sueños, cine. Como las del hombre perdido entre pañuelos o las de aquellos baúles con cartas borrándose bajo el agua. Da al texto ese tempo y esa cadencia inasibles que sólo logra la nostalgia mezclada con los tangos.

El capítulo XIII para mí fue un gran descubrimiento: donde el autor mezcla letras de tangos con textos propios. Está construido como una pieza de jazz, donde cada texto hace las veces de un instrumento que desarrolla su melodía y da la nota para que entre el siguiente, cada texto da pie para comenzar otro y otro y sigue. Logrando esa magia envolvente que lleva a volar por los cielos - como lo hace la música del jazz -. Este capítulo logra una delicada síntesis, una unidad en sí mismo. Puede ser leído como un relato independiente.

El recurso de la nostalgia aunque manido - pues se ha usado por años - con este autor toma otro tinte. Los amores de poema son poco originales: Siempre hay ojos, piel, suspiros y recuerdos de paisaje, todos de mentiras. El escritor puede mostrar las cosas como son, pero las pinta con ese viso inconfundible que les da la nostalgia y la poesía logrando así textos muy especiales e inolvidables. Esto lo hace de manera natural: El autor se expresa, se comunica, y quien lee siente que está frente a un mundo sin estrenar. Arias Satizábal logra así Non nova, sed nove (no cosas nuevas; pero sí de una manera nueva).

Los invito a conocer a un escritor de la tierra que merece la pena ser leído y estudiado.

*Datos biográficos.

Medardo Arias Satizábal. Isla de Buenaventura, Colombia, 1956. Escritor y periodista. Vivió veinte años en Buenaventura, veinte en Cali y lleva trece años viviendo en Conneticut, USA.

Dedica la mayor parte de su tiempo a escribir. El tiempo libre lo ocupa en dictar conferencias en diferentes lugares de USA. Es columnista de El País de Cali y de varias revistas y diarios de Internet. Recientemente inició su blog personal: http://medardoarias.blogspot.com

En poesía ha publicado Testimonio (Premio de Poesía Antonio Llanos, 1984), Luces de navegación (Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia, 1987), Las nueces del ruido (Premio Nacional de Poesía Luis Carlos López, 1989). Su primera selección de cuentos, "Juego cerrado", fue distinguida con el Premio Nacional de Cuento de la Universidad de Medellín. También publicó el volumen de cuentos Esta risa no es de loco (Premio ciudad de Bogotá I.D.C.T., 1992), las novelas Jazz para difuntos y Que es un soplo la vida y la antología De la hostia y la bombilla, el Pacífico en prosa. Recibió el premio Simón Bolívar por su investigación "Historia de la música de Las Antillas".

Aparece en varias antologías poéticas, entre ellas las selecciones de poesía colombiana realizadas por Juan Gustavo Cobo-Borda para la Colección de la Presidencia de Colombia; Quién es quién en la poesía colombiana por Rogelio Echavarría y Modelo 50 Panorama de poetas colombianos nacidos en la década de 1950, compilado por Fernando Herrera Gómez.

miércoles, 21 de octubre de 2009

"Buda Blues" de Mario Mendoza


Por: Alejandro Liscano

"Buda Blues" es la nueva novela de Mario Mendoza. Esta vez pone el dedo en la llaga del hombre contemporáneo; sistemas antieconómicos, desequilibrio de recursos, guerras, miseria y daños irreversibles a la naturaleza entre otros. Es una novela cargada de emoción y critica ideológica.

Esta obra, quizá la más explosiva de Mendoza, es a su vez un medio para señalar aquello que nos quita el sueño al autor y a algunos de nosotros, más que mera entretención comercial entre dos portadas. El autor abre debate y toma partido. Se empapa. Se compromete. Tanto así, que es inevitable dejar de atribuir la figura física del autor (su cara -Mario Mendoza-) a los personajes; unos tal como es, otros haciéndole cambios aquí y allá -barba, canas, delgadez etc.-.

La historia pasa por diferentes núcleos humanos -o inhumanos-, entre amigos, familia, grupos, organizaciones, colectivos, ciudades y continentes; analizando de esta manera temas sociológicos y filosóficos.

Introduce el término "La Cosa", como el eje de los errores de los sistemas actuales, de la educación tradicional, la autoridad, el gobierno, el estado; que desde cualquiera de sus instancias afectan el bienestar y la verdadera evolución del ser humano.

"La cosa: todo a nuestro alrededor está diseñado para embrutecernos, para mantenernos empantanados en una mediocridad afectiva, moral, política, intelectual, física".

"El que no se doblega (ante La Cosa) termina en la clínica psiquiátrica, en la cárcel, en el cementerio o en la calle, durmiendo a la intemperie y sin un plato de sopa para alimentarse".

Como es de esperar de los libros de Mario Mendoza, no se queda en la queja ante la opresión del sistema. No se conforma con la crítica sino que salta en diversas formas de oposición y rebelión contra los opresores. Es aquí donde se remite a personajes reales y geniales, quienes a pesar de estar bien calificados como terroristas, han dejado principios ideológicos en manifiestos hoy en día discutibles; precedentes dignos de analizar. Entre los personajes aludidos figuran Theodore Kaczynski -matemático conocido como el "Unabomber"- y John Zerzan -historiador y filósofo-. Personajes reales en quienes se basan los personajes ficticios para tejer la telaraña de la trama.

La maquinaria de "La Cosa" arroja como consecuencia desplazados que en este caso son los habitantes de la calle; entre ellos drogadictos, alcohólicos, prostitutas o simplemente personas que, hastiadas de las falencias y equivocaciones del sistema, optan por hacerse a un lado. Luego entran hacer oposición, desde la lucha armada, para luego llegar a la lucha sin violencia o resistencia pasiva (Ej. Ghandi). Tales métodos de oposición llevan al lector a identificarse con cada uno de ellos, cayendo incluso en las equivocaciones ante las cuales se esta luchando. En otras palabras, Mendoza logra mostrarnos el error; hace que caigamos en el y luego nos vuelve a sacar para mostrarnos el meollo del asunto, cuan fácil es caer en lo más bajo sin darse cuenta.

Hacia la resistencia o lucha sin violencia, entra desde los principios del Budismo, donde los personajes parecen vislumbrar un mejor estado de las cosas como seres humanos "en desarrollo". Es allí donde se comienza a encontrar pautas para la solución de los conflictos y mayor perdurabilidad de estados equilibrados y justos; estados donde se tiende al desarraigo del ego, al desapego del "yo", eso que hace que sea más sufrible el sufrimiento.

"Un exceso de ego te hace fuerte, muy seguro de si mismo... Pero la falta total de ego te hace invensible. El vacío es indestructible".

El "Blues" representa el grito de sublimación, el desahogo. Por otro lado, el espacio de relativa calma que deja la tormenta es llamado "resiliencia"; como es el caso de un niño de ocho años, en Rio (Brasil), que tras una inundación pierde la familia entera y la vivienda, y los organismos de salvamento lo encuentran jugando veintiuna con un balón de fútbol. Esta forma de enajenación es un salvavidas, al que Mendoza se refiere como "resiliencia", un concepto clave al final de la novela y clave en las recientes investigaciones sobre fenómenos de violencia del autor.

"Resiliencia" es también el sentirnos parte de un todo, un sentido de tribu, un desapego del yo -como individuo sufrible-, cierta aceptación de las circunstancias y del engranaje universal.

"Aprenderemos hacer de nuestro un motivo de fiesta. Gritar a voz en cuello que no estamos asustados, que morir nos importa muy poco…no le tememos a nadie ni a nada, por el simple hecho de que ya no somos una entidad separada del todo".

"Fundaremos una religión donde abandonaremos el yo para unirnos a los otros en un largo abrazo musical, como en el blues, en el rock, en el rap o en la salsa……Buda Blues…de la mano de Siddaharta y Billie Holiday…".

"Uno de los grandes problemas de la vida contemporánea, con su individualidad excesiva, es que aísla a las personas hasta debilitarlas y muchas veces matarlas. La resiliencia es, entonces la capacidad de resistir a ese aislamiento y de regresar a las viejas reglas de la tribu".

"Buda Blues", Silencio y Grito, quietud equilibrada y grito de sublimación; una novela desde la violencia, vivida, digerida, convertida en mas violencia como reacción inicial y culminada en la lucha no armada y en la resistencia pasiva; en el Budismo y en el Blues como alternativa hacia un mejor futuro.

-----------------

Biografía de Mario Mendoza:

Nació en Bogotá en 1964. Ha publicado las novelas La ciudad de los umbrales

(1992), Scorpio City (1998), Relato de un asesino (2001), Cobro de sangre (2004) y Los hombres invisibles (2007). Con el libro de cuentos La travesía del vidente, publicado recientemente por Planeta, obtuvo en 1995 el Premio Nacional de Literatura del Instituto Distrital de Cultura y Turismo de Bogotá. Ganó el Premio Biblioteca Breve de Seix Barral con la novela Satanás en 2002.

En 2004 publicó Escalera al cielo, un libro de cuentos.



Un homenaje póstumo al lenguaje


Por David Jiménez



El preludio de Zaratustra

La suerte de mi existencia- escribiría Nietzsche hacia 1888-, quizá su originalidad, radica en su determinismo: para expresarlo de manera enigmática, yo ya me he muerto, como mi padre, y como mi madre, aún vivo y envejezco. Nietzsche declara su muerte en el mismo sentido en el que señaló la urgencia perentoria de la divinidad: como un agotamiento intrínseco de las cosas y como un paso necesario de todo ser. La vida le llega después, exuberante, majestuosa y pesada:

Aquí estaba yo sentado, aguardando, aguardando- a nada, más allá

Del bien y del mal, disfrutando

Ya de la luz, ya de la sombra, siendo totalmente solo juego,

Totalmente mar, totalmente mediodía, totalmente tiempo sin meta.

Entonces, de repente ¡amiga! El que era uno se convirtió en dos-

Y Zaratustra pasó a mi lado.

Este enigma empieza en Röcken en 1844, en la Sajonia prusiana, en una pequeña aldea rodeada de arbustos y estanques. El pueblo mas cercano era Lutzen y Friedrich recuerda, en la autobiografía de 1858, aquellos viajes entre comarcas como finas impresiones latentes en la memoria:

¡Con qué viveza recuerdo el camposanto! ¡Cuántas preguntas no haría, al ver la antigua, antiquísima cámara mortuoria, acerca de los féretros y los negros crespones, de las viejas inscripciones de las lápidas y los sepulcros!

Su padre fue un clérigo rural, un amante de las letras y un pianista habilidoso. Su muerte, tan repentina y tan enfermiza, marcó no solo el carácter de Friedrich, era un niño reservado, serio, introspectivo e intelectualmente inquieto, si no que determinó sus padecimientos. Su padre Ludwig sufrió terribles dolores, cegueras y letargos, hasta que el 26 de julio de 1848 la muerte lo alcanzó paulatinamente como si de un sueño se tratara; y como si de una ironía, en una especie de retorno, 52 años después Friedrich tuvo el mismo final. La creencia en la tara y en la transmisión hereditaria lo llevó a pensar, con un sentimiento más o menos intenso según el momento de su vida, que aquel destino lo alcanzaría como un relámpago.

Su vida fue un canto a la afirmación a través de la renuncia. Se desprendió acuciosamente de la fe cristiana, cuando en 1865, un año después de haberse inscrito en la universidad de Bonn para estudiar teología y filología clásica, abandonó sus estudios y su propósito de ser clérigo. En 1866, en una vieja librería en Leipzig, descubre a uno de los personajes que transformarían su vida: Arthur Schopenhauer, el filósofo de la voluntad como instinto primario. Nietzsche recuerda aquel encuentro intelectual, como un encuentro personal: tumbado sobre un viejo sofá, con el libro en las manos y las hojas deslizándose temerosamente entre sus dedos, el mundo iba siendo repensado, mientras los muros de una concepción anterior se derrumbaban cadenciosamente para darle paso a una fuerza positiva y creadora.

Nietzsche vio en la voluntad de vivir una salida para si mismo. La voluntad es una fuerza y como tal no tiene objetivo ni fin; es insaciable e insistente y empuja al hombre a una existencia de saltos y malabares entre una y otra desventura. Comprendió que la ética era una mera racionalización de los hechos, no una manifestación pura de la voluntad, por lo tanto, el hegemónico pensamiento instaurado de una ves y para siempre debía debatirse.

Ese fue su primer ataque contra el destino, el primer esquivo a esa fatalidad melancólica dejada por su padre.

Richard Wagner, el músico revolucionario, se convirtió para Nietzsche en la encarnación del pensamiento schopenhaueriano. Su amistad empezó en suiza en 1867, mientras Nietzsche impartía la cátedra de lenguas clásicas en Basilea; a él dedico su libro El nacimiento de la tragedia.

Nadie podría imaginarse- escribió Nietzsche posteriormente- que fue comenzado bajo los truenos de la batalla de Worth. Frente a los muros de Metz, en las frías noches de septiembre, en pleno servicio como enfermero, yo meditaba a fondo estos problemas…

El pensamiento griego, sostiene Nietzsche como tesis fundamental, devine de dos corrientes entrecruzadas definidas por dos divinidades opuestas: el tranquilo y pasivo espíritu de Apolo frente a la perturbadora pero sugestiva imagen de Dionisos. El insuperable conflicto entre los dos determinó todas las realizaciones del arte griego, desde el canto hasta el drama trágico. El poder de las obras radica en la no superposición de una de las imágenes, en la no ocultación de uno de los dioses. La racionalidad a ultranza contra el instinto demuestra para Nietzsche, un interés de sepultar la vida y un indicio claro de decadencia. Sócrates fue su más claro representante, señalando la razón como una virtud que conlleva a la felicidad esto es, oponer a los apetitos oscuros una luz del día permanente.

En la medida en que el drama wagneriano se envolvía en estas consideraciones Nietzsche se aproximaba al músico y a su idea de deconstruir toda la tradición musical de occidente para dar paso a una nueva concepción, lejos de la fe y los valores cristianos. Wagner cambio el desgastado Dios judeocristiano por el Wotan guerrero y su Sigfrido heroicamente salvaje; se convirtió en un amante del paganismo teutónico, lo que enardeció el espíritu naturalmente subversivo del joven Nietzsche.

La palabra o la mágica locura de revivir el cuerpo.

Es un hecho crucial que el espíritu creador prefiere descender sobre los enfermos que sufren.

Nietzsche vivió enfermo casi toda su vida; desde muy joven- cerca de los veinticinco años- contrajo una sífilis que se sumo a una debilidad progresiva de los ojos. Nunca pudo resistir una luz fuerte; la exposición prolongada a los rayos del sol le producía múltiples desvanecimientos y fuertes jaquecas. Trabajaba en un cuarto con poca luz, forzando la mirada para ver una palabra frente a un papel pálido y borroso o para capturar, como un ilusionista, el encendido fuego de una braza que no deja de quemarse. Amaba las palabras porque le permitieron estructurar su vida de forma en que la coherencia estuviera siempre presente. Kant señalo la coherencia como una razón proporcional entre el pensamiento, el discurso y la acción, evidenciándose con ello una ética fundamental. Nietzsche, sin ser un kantiano, peregrinó por esta ética, no olvidando el sesgo que la recubre: la imposibilidad de su realización efectiva. Este margen de error, este vacio que deja la palabra en su paso a la acción, constituye para cualquier pensador el dolor de la existencia. El plus que recaía sobre Nietzsche estaba en la vitalidad física dilatada por la enfermedad. No solo arrastró su filosofía sino que alcanzó a tocar orgánicamente su cuerpo, minando progresivamente sus sentidos, haciéndole reconocer el frágil sistema de la carne. En el año treinta y seis de su existencia sus ojos sufrieron de nuevo la intempestiva furia de una enfermedad que se empecinaba en corromper su pensamiento y así la lucha se convirtió en doble reflejo, en doble imagen de sí mismo. Un interior en pugna y aullante contra un exterior lánguido y deseoso de caerse. Y es ahí, entre estas sombras, entre ese mínimum de vida, con el espíritu pesado, donde nace El caminante y su sombra.

Evidentemente cada cual se considera libre allí donde es más fuerte su sentimiento de vivir, y en consecuencia, como he dicho, unos los hacen en la pasión, otros en el deber, otros en la investigación científica, otros en la fantasía. Involuntariamente el individuo cree que el elemento de su libertad radica en aquello que le hace fuerte, en lo que anima su vida. Vincula dependencia con torpeza e independencia con sentimiento de vivir, como parejas inseparables.

Nietzsche, al igual que Spinoza, menospreciaba la libertad en el sentido cristiano, es decir, como libre albedrio. El sujeto que se siente libre, sin cadenas, sin censuras, positivamente realizado, no es más que un incauto observador victima de un espejismo.

Al hombre se le pusieron muchas cadenas, a fin de que olvidase comportarse como un animal: y verdaderamente él se ha vuelto más apacible, espiritual, alegre y sensato que todos los animales. Pero ahora sufre por el hecho de haber llevado cadenas tanto tiempo, y por haberle faltado por tanto tiempo el aire sano y el libre movimiento…

Al invierno siguiente, con un cuerpo agotado por la falta de sangre, producto de un mal fluir del líquido virtuoso y de una fatigada sensación en los músculos, surge Aurora, un libro del por qué y el para qué de la moral. El ejercicio reflexivo presente en este texto evidencia un punto oscuro aun en nuestros días y que incluso muchos teóricos no perciben: la critica a la moral no es una critica obstinada de un filosofo ateo y resentido contra la fe de sus predecesores; si no una critica a los fundamentos de toda la cultura de occidente y mas aún, un combate contra la ideología. Por tanto, Nietzsche estaría en la palestra junto a Marx y Freud como un sujeto en busca del sentido distorsionado por el poder y no solo como filosofo de la sospecha.

Pero la enfermedad le ganaba la vida; la efigie de su padre debió levantarse en cada padecimiento, en cada instante en que sus ojos no podían enfocar claramente ningún objeto.

Mi existencia- escribe a su medico Otto Eiser- es una carga terrible: la hubiera arrojado de mi hace mucho tiempo, sino fuera porque, precisamente en este estado de sufrimiento y casi de absoluta abstinencia fue donde hice los experimentos mas fructíferos en el terreno ético-intelectual; esta alegría sedienta de conocimiento me eleva a una altura desde donde supero todos los tormentos y desesperanzas. En general soy ahora más feliz que nunca en mi vida… mi consuelo son mis pensamientos y mis perspectivas. Aquí y allá, en mis caminos, garabateo algo sobre un papel; mis amigos descifran mis garabatos.

La enfermedad pasó a ser discurso, a ser manifestación positiva de la existencia; la palabra se convirtió en medicina para revivir ese cuerpo frágil y herrumbroso, en campo de combate- donde las luchas, una a una, son siempre personales- y en su camino a la eternidad.

A los momentos de crisis profunda le sucedieron pensamientos de gran inspiración. Así nace Así hablo Zaratustra, cuya reflexión gira en torno a dos elementos fundamentales: el lenguaje como discurso transformador y el poder como entidad antepuesta al sentido. El lenguaje para Nietzsche- Zaratustra legitima al ser en la media en que lo plantea como un sujeto clivado frente a la verdad, es decir que la verdad absoluta ya no tiene sentido para el hombre porque entiende que el lenguaje es inconsistente, que todo lo que se nombra es un mero discurso, una mascara para transformar la hegemonía del poder.

El Zaratustra fue escrito entre momentos de melancólica enfermedad y tranquilas horas de salud; fue concebido por partes como los giros de una onda elíptica que se mueve hacia el infinito. El Zaratustra es la predicación- el discurso en pro del movimiento- de la grandeza a la que puede y debe ascender el hombre; es la exaltación máxima- sin dejar de lado lo trágico de la existencia- de una ética plenamente subjetiva y de un sujeto plenamente ético.

Nietzsche murió el 23 de agosto de 1900 en Weimar, mientras sus escritos eran publicados y tergiversados a la vez de manera masiva. Antes de morir, entre estados de inconsciencia y alucinación, preguntó a su hermana Elisabeth, que estuvo siempre junto a la cama del filósofo, al cuidado de su enfermedad:

¿Por qué lloras, Lizbeth? ¿No crees que somos felices?