lunes, 11 de abril de 2011

Libro Antologia de cuentos 2010






Comparto la primicia de la publicación de la Antología de cuentos Talleres literarios 2010. Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa que llegó ayer a mis manos por correo.
Allí aparecen textos de las talleristas del Taller Renata de Cali-JCL - Biblioteca Departamental: Piedad Villegas, Leonor Fernandez Riva, Constanza Lema Botero,
Ana María Gómez;
cabe resaltar que es el único taller que tuvo tantas personas incluida
s cuatro.

Compilador: Conrado Zuluaga
Corrección: Miguel AguasEdición y diseño: Tragaluz Editores S.A.
Ilustración: Juan Carlos Restrepo Rivas
Impresión y acabado: L. Vieco e hijas Ltda.
Primera edición: marzo de 2011
En el Prólogo, Conrado Zuluaga dice: La lectura de casi dos centenares de textos y su selección ha conducido a una serie de pensamientos sobre
el oficio de escribir y sus exigencias, con el ánimo exclusivo de invitar a la reflexión sobre el trabajo que vienen adelantando los Talleres y el propósito de sus participantes de convertirse en escritores. (...) Los textos escogidos en esta ocasión no alcanzan a ser el diez por ciento de los preseleccionados. Son los mejores a criterio de quien llevó a cabo esta antología.



La contraportada: Los relatos que conforman esta antología son producto del trabajo de noveles escritores de diversas regiones de Colombia, que asisten a los diferentes talleres de la Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa del Ministerio de Cultura.

Adjunto imágenes de contraportada, portada y contenido. En este blog encontrarás los cuentos para escogidos de nuestro taller.



Más información: Ver NTC... Narrativa




EXAMEN EN BLANCO

Por Constanza Lema Botero

A las 4:00 a.m sonó el despertador. Me había dormido a las tres. Tenía la boca abierta de par en par. La cerré inmediatamente y me limpie las babas con la sábana. Qué oso, me dije apagando el despertador torpemente, pero me volví a quedar dormida.

Alguien abrió la puerta de mi cuarto bruscamente, era mi madre. Me jaló la cobija y rezongó: ¡Son las cinco! De un brinco tomé la ropa que había dejado en el espaldar del asiento y me vestí sin ducharme.

—Aunque sea desayune, mija.

—No alcanzo, mamá. El examen es a las seis y media y el bus se demora por lo menos hora y cuarto hasta el sur.

—El chocolate ya está y la arepa no es sino voltearla y listo.

–No mamita, guardame la arepa y el chocolate… ah, y los frijoles del almuerzo, esos me los empaco cuando regrese. Ahora lo que tengo que hacer es ponerme las paticas en la nuca.

Le di un beso al vuelo, corrí hasta la esquina y cogí el bus a las cinco y veinte.

Antes de quedarme dormida recordé a Ramón. Cuando desperté, lo primero que me vino a la cabeza fue Ramón. El sol estaba espléndido, el bus me pareció confortable, la gente distinguida, la música chévere. El mundo entero sonreía y era amable. Hasta los policías me parecían adorables. En una palabra: estaba tragada, perdidamente tragada. ¡Auxilio!

La noche anterior habíamos estudiado duro. Cinco horas. Él me tomaba la mano para que yo escribiera y repasara los elementos químicos una y otra vez, que porque era una buena forma de memorizarlos. Yo repasaba también sus manos, sus vellos, sus cejas y su boca y cuando podía también repasaba el etcétera.

Así pasamos la noche, Ramón pidiéndome que repitiera oralmente los ciento y pico de elementos y yo que a duras penas me acordaba de 15 o veinte. El fosforo (P) se me confundía con el plomo (Pb); el oro (Au) con la plata (Ag); el platino (Pt) con el polonio (Po) y la mierda con la pomada. Con paciencia de ángel, Ramón insistía en su método. Tomaba mi mano con dulzura y me rogaba que me concentrara. Yo trataba de hacerlo pero era imposible viendo ese brazo fuerte y peludo. Entonces le cogía la mano y me la ponía sobre el muslo con mi mejor cara de mosquita muerta.

Él como que ni se enteraba. ¿O sería que también ponía cara de mosquito muerto? El caso es que seguía hablando muy serio de ácidos y básicos y moles y valencias, y yo volvía y miraba sus ojos y su boca porque se supone que en las conversaciones serias eso es lo que se hace. Si se le despeinaba el bigote, ya la tabla de los elementos químicos perdía toda importancia para mí. Yo sabía de química pero de la que salía de mi cuerpo en ese momento: dopamina, neropinefrina y oxitocina. Me lo había explicado el profe la semana anterior con videos y gráficas. Son unas "drogas" que produce el cerebro cuando estamos excitados, quitan la sensación de cansancio e inhiben el apetito (el apetito de alimentos, se entiende). Eso lo sentía tal cual me lo enseñó el profe, como una cascada de agua fresca sobre la piel desnuda, como un corrientazo en el alma.

—Acuérdate que la P es para el fosforo y la K para el potasio –decía–. ¿Estás entendiendo la lógica de cada letra con su sonido y su símbolo?

–Sí, amor, vos sos el profesor más bueno de todos –le respondía yo, subrayando la palabra sin pudor y sin comprender qué lógica puede haber en ponerle la K al potasio. ¡Lógica masculina, seguramente!

Pero me sentía tranquila, era suficiente con que Ramón supiera lo que me enseñaba para pensar que yo iba a responder muy bien el examen. Confiaba en nuestra ósmosis, y como lo que estábamos estudiando era Química y química era lo que sobraba, yo me sentía la mejor aprendiz. Así pasaron las cinco horas más dulces y productivas de mi vida.

Mientras Ramón hablaba yo escribía acrósticos con los elementos. El símbolo del radio (Ra) quería decir Ramón, el polonio (Po) porvenir, el sodio (Na) nacer y así bobamente con los demás. A las dos de la mañana dibuje un corazón con algunos elementos en letra gótica.

Él me preguntaba por los elementos más o menos reactivos. Algunas veces yo acertaba en las respuestas y me premiaba con un beso apretado que me llevaba al cielo y me hacía pensar que era cierto el epígrafe del capítulo del carbono: "Todos los átomos que componen nuestro cuerpo se formaron hace miles de millones de años en estrellas gigantes rojas. Estamos hechos, pues, de polvos de estrellas".

Llegué a tiempo, el profesor nos estaba dando una espera, tenía los exámenes bajo el sobaco y ya había organizado los asientos.

— ¿Estudiaste chica? –me preguntó.

—Si profe, toda la noche. Pregunte lo que quiera.

Era el examen final y tenía que sacar una nota muy alta para subir el promedio o perdería la beca. Me estremecí de sólo pensarlo. Mi papá me había confesado que la "situa" estaba dura. No era para menos. ¡Yo en el primer semestre de la universidad y mis dos hermanos terminando bachillerato! Cuide esa beca, mija, me dijo mirando el suelo, como avergonzado de su pobreza, o tal vez no era vergüenza (es un hombre de carácter y bueno como el pan), tal vez estaba era lleno de lástima por tener que presionar a su niña… Pobre papá.

Cuando recibí el examen empecé a revisar las preguntas con la misma química con la que repasé a Ramón poro a poro. En ese momento la cascada de amor se empezó a convertir en ráfagas de nervios. No entendía nada, las preguntas estaban relacionadas con los elementos metálicos y no metálicos; con los que tienen propiedades similares y se presentan en triadas: cloro, bromo y yodo; azufre, selenio y teluro… y mi Ramón no tenía nada que ver con ese cuestionario.

Pasaba el tiempo, miré a Soraya y ya iba en la quinta pregunta. Me sentía totalmente perdida. Le hice señas para que me pasara aunque fuera la primera pregunta escrita en el borrador, pero me miró con desprecio. Mañana escribo en los baños "Soraya es prepago", juré.

Al lado derecho mío estaba José. Su lápiz se movía con la agilidad de un colibrí. Estaba sobrado, a juzgar por las dos páginas que ya había escrito. Traté de enfocar su examen mientras el profe me daba la espalda, pero el muy idiota apoyó su gordo codo en la tabla del asiento y me dejó viendo un chispero.

—Faltan cinco minutos, muchachos –nos dijo el profesor.

Sentí un vacío angustioso en la boca del estómago. Alcancé a detener la primera lágrima con la manga de mi saco pero la segunda no me dio tiempo y fui un mar de llanto cuando el profesor se llevó mi examen en blanco.


domingo, 10 de abril de 2011

LA HORA CIEGA


POR PIEDAD VILLEGAS

No era posible conseguir en que irse a esa hora. Los teléfonos sonaban ocupados o en buzón y desistió de seguir llamando. Lo que había comenzado como un fuerte aguacero se convirtió en una tormenta inclemente a la que no quería enfrentarse, los relámpagos no cesaban, los truenos aturdían y hacían vibrar los ventanales, pensó que además de incomunicada en cualquier momento se quedarían sin energía.

Miró el reloj, eran los últimos minutos de la hora ciega como la llaman. Se asomó por la ventana, el brillo del asfalto reflejaba todos los matices del gris que permitía la tarde lluviosa, los árboles se agitaban y movían sus siluetas poderosamente por la fuerza del vendaval. Ya no veía el carro de Jacobo parqueado afuera.

Cuando él salió afanado en medio del aguacero, ella no quiso detenerlo, minutos después con el primer rayo no se contuvo y fue detrás de él pero no lo alcanzó, regresó al aparta estudio emparamada tratando de convencerse de que no estaba contrariada.

Ahora todo estaba mojado, afuera y adentro. Por la ventana miraba esos árboles estremeciéndose como si fueran a arrancarse de raíz… si lo hubiera alcanzado… tal vez sabría finalmente por que se fue convirtiendo en una sombra…en ese lado oscuro del arquetipo de la inocencia.

Si lo hubiera alcanzado, tal vez ese aguacero hubiera sido la oportunidad de quedarse un rato más para hablar alguna vez, sobre como esto, que no tenía muy claro, les estaba cogiendo ventaja.

O si lo hubiera alcanzado, los dos hubieran tenido una buena disculpa para llegar más tarde… para seguir explorando con sus sentidos básicos y tocarse como se toca el agua, moverse como nadando, sentir ese bienestar parecido al del árbol cuando se agarra con sus raíces a la tierra en un día de sol, cuando es, capaz de sostenerse en equilibrio; caber tan precisos la tierra y el árbol, el uno en el otro.

La lluvia golpeaba sin compasión y como una premonición, asustaba como pensar.

Se recostó en el sofá, mirando sin ver un jardincito japonés que había encima de la mesa. Las piedras formaban una espiral calculada que apenas se distinguía entre las sombras, piedras seleccionadas traídas de quien sabe que paisajes, para terminar enterradas en una caja llena de arena, ya no se distinguían colores y las cosas de ese salón habían perdido su identidad. Sonrió suavemente. Todo eran siluetas sin detalles, así desde hacía tres años, una vez o si mucho dos, cada mes o cada dos meses, en ese edificio horrible de aparta estudios, entre las cinco y media y las seis y media de la tarde. Esa hora silenciosa, indefinible, la de no ver bien nada, la de esperar…la luz no es luz y la oscuridad tampoco lo es, en ese lugar sin dueño conocido, donde ella podría no estar nunca…

Estaba mojada y la ansiedad comenzó acorralarla, la tormenta arreció. Prendió todas las luces pero ninguna encendió.

Siempre se iba él primero para que nadie los viera salir juntos, y caminaba hasta el carro que tenía parqueado al final de la calle. Ella pedía un taxi y un poco más tarde se iba hasta el centro comercial donde había dejado su carro.

Así desde aquella tarde de compras cuando el ritual comenzó, eran dos desconocidos que bajaron al parqueadero por la escalera eléctrica del mismo centro comercial, no fue posible huir en la inmensidad de ese sótano caliente…caminaron en la en la misma dirección hasta sus carros que estaban uno frente al otro… en ese pequeño trayecto ya habían ido muy lejos.

Se metió en la cama, las siluetas a su alrededor se veían cada vez más oscuras por la tormenta, ya las sombras no parecían chinescas, eran como vetas deformadas. Llovía sin parar pero el tiempo parecía estar detenido en las imágenes de muchas de esas horas en las que nada se distinguía… hora ciega, en la que no había palabras, en la que solo hablaban los besos, las caricias, sin pasado, sin futuro, un tiempo que no era para recetas, ni perfumes y en el que los olores, los sabores y el calor flotaban por encima de ellos para perderse sin dejar rastro.

La única textura era la piel; la piel acalorada y sudorosa que se envolvía los saludos, las despedidas, las conversaciones, las definiciones y hasta los silencios… como la corteza de un árbol, vistiendo, guardando, protegiendo los anillos que marcan el tiempo transcurrido.

Cada vez era más difícil desprenderse, zafarse, esa hora no alcanzaba para darse cuenta que cada vez era mas difícil ahondar bajo la superficie. Cada vez más, a esa hora le salían minutos extras para un último beso, segundos extras que no daban tregua para decir una sola palabra y que solo alcanzaban para vestirse como desvistiéndose. Cubrirse de nuevo, no dejar ninguna cosa olvidada y desaparecer sin tener presente los pliegues de las manos, o de los pies, o de… no tener presente ni el color de la camisa, y vagamente recordar una mirada afanada.

Empezó a quitarse ansiosamente la ropa húmeda. Tenía frío y se cubrió con la sábana, no quería estar allí pero la lluvia persistía y no podía salir. Se acostó mirando hacia la ventana, quieta, el agua afuera hacía tanto ruido que no escuchó la puerta cerrarse. Se estaba imaginando a Jacobo desnudándose mientras se acercaba a la cama, no lo vio acercarse pero lo sintió emparamado cuando se pegó para abrazarla. Mientras la besaba la mojaba, la hora ciega ya había pasado, cerró los ojos y sintió que eran tan precisos como la raíz y la tierra, mas, si los ojos estaban cerrados. En la oscuridad los brazos y las manos se acomodaban en la espalda… en los muslos... en las nalgas… las manos buscaban los lugares mas recónditos… desde la cabeza hasta las piernas volaban con la ligereza del viento, los dedos navegando… los brazos y los dedos multiplicados llegando hasta los confines de la piel… las piernas anudándose con urgencia, los pies asiendo para no resbalarse, para amarrar el nudo, no salirse del adentro, del surco profundo y húmedo en el que se estaban hundiendo de nuevo.

En un breve instante todas las luces se encendieron. Quedaron visibles y expuestos, encandilados se paralizaron. Tomándose tiempo para abrir los ojos, por primera vez se vieron de verdad.


Publicado en el libro Antología de cuentos. Talleres literarios 2010. Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa. marzo 2011, Medellín, Colombia.





La Donna

"Cuando se dio cuenta de que la naturaleza de un hombre cualquiera saciaría su deseo, sintió compasión. Extraña compasión, que se dirigía a quien fuera que fuese el escogido. Ya que competía al hombre sucumbir ante las propuestas, sin derecho a rechazarlas"… Sabía de memoria ese texto de Nélida Piñón, lo repetía como un sortilegio antes de salir de cacería.
Cuando asechas al amor caminas con pasos inseguros por un sendero desconocido. El asombro es tu guía, ¿Cuántas veces quisiste acercarte a él antes de ese deslumbramiento? Sentir el suave calor del contacto de su mano en tu mano. La maravilla de la anunciación:
- Eres el elegido. Ahora disfruta.
¿Cuánto tiempo dura esa sensación? Solo un instante. ¡Al evocarlo en tu mente se despliegan tantos momentos imaginados, vividos, reales, irreales, soñados!

El suave toque de su dedo rozando apenas tu vello. La sensación de sonrojo, el deseo disimulado. El adormecimiento de tus labios, el dulce flujo que empiezas a verter. La fiebre que se desprende de tus entrañas. Cuando se acercó por primera vez y te miró a la cara, creíste que su aliento se confundía con el tuyo en muchos abrazos apretados. El brillo de sus ojos al chocar con el de tus ojos era la sensación de un orgasmo fugaz. Era como si te entregaras a esa pasión que se reconocía en la distancia. La primera mirada. Es allí donde tienes la certeza: si los dos se meten en la cama habrá llamas y gemidos:

- Será un placer seguirte, será un placer sentirte cerca. Y él decía tu nombre con tono apasionado:
- Laura, Laura, Laura...

Como experta cazadora -antes de las primeras caricias- sé cuál es el hombre indicado. Tengo una indecible vocación de deseante. De estar disponible para el azar del encuentro. Para gozar del placer de la lujuria. Elijo un hombre, le sonrío, le hablo, lo miro y lo toco. No tiene opción, estará a mi merced como pieza propicia para el sacrificio. Allí me detendré, beberé de esas aguas, me dejaré empapar y luego volaré.

Recuerdo cuando conocí a Paulus, era jueves. El hombre estaba allí, frente a mí. No sabía de mis intenciones, no sospechaba siquiera, pero yo tenía dispuestas mis armas de seducción. Esa mañana al levantarme me dije: Hoy saldré de cacería. Tomé un baño con hierbas aromáticas y miel para endulzar el camino.

Revisé el periódico y el Internet en busca de sujetos: festival de cine, congreso de ginecólogos, reunión de periodistas y también una semana de conciertos. Escogí la reunión. Los ginecólogos están descartados - ya nada los seduce-. Al cine casi siempre se va en pareja. El concierto era en la noche. Revisé bien los nombres, que no estuviera entre ellos una antigua víctima.

El segundo conferencista era alto, bien formado, edad adecuada, buena resistencia en la cama, pensé. En la ronda de preguntas me miró, ¿era el brillo esperado? Mi corazón de cazadora estaba a la expectativa. En la pausa del café se enredó en amena charla con nuestro mejor periodista gay. Descartado.

Me enfilé hacia el concierto. Había un chelista, Paulus, tocaba al día siguiente. Era atractivo en las fotografías. No sabía nada de él. Al llegar al teatro encontré a mi ex novio Ramiro. Un tipo espanta suerte. Siempre que me topo con él se queda a mi lado para cuidarme el ala. Me lleva a mi casa y me deja a la puerta sin un solo beso. Es un egoísta, se asegura de que pase la noche sola. Se acercó con una sonrisa de su boca que yo adoré, pero que en ese momento no brillaba para mí.
- Hola, Laura, sabía que vendrías.

Engreído, como si el concertino fuera él. Salí corriendo y entré al teatro.
Busqué un lugar adecuado, dejé mi agenda y me dirigí al baño. Repasé el maquillaje, guardé los calzones en mi bolso y me hice un masaje con hierbas aromáticas y aceite en muslos y nalgas. Salí muy segura: vestía una falda ancha, blusa de seda, medias de malla, tacones altos y un liguero de encaje.

Vi a Ramiro, ¡lejos! Delante de mi lugar se había sentado un hombre. Le dije con voz exasperada:
- Señor, hay ciento treinta y ocho sillas libres ¿Por qué se hace justo delante de mí? Me tapa el piano.

Él volteó, sorprendido, y me dijo:
- No la había visto, disculpe, ¿Puedo sentarme a su lado?

Era Paulus. Lo miré con una ensayada sonrisa y empecé a repetir en mi cabeza: "Cuando se dio cuenta de que la naturaleza de un hombre cualquiera saciaría su deseo, sintió compasión."

Autora: Ana María Gómez Vélez
Taller de Escritura Creativa, Cali, Colombia



Publicado en el libro Antología de cuentos. Talleres literarios 2010. Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa. marzo 2011, Medellín, Colombia.

Más información: NTC... NARRATIVA ANTOLOGÍA DE CUENTOS. Talleres literarios 2010. RENATA. Marzo 2011

lunes, 21 de junio de 2010

TEXTOS CON LA PALABRA GOL

PUBLICACION FINAL * NO HABRA MAS ENVÍOS (Recopiló Fernando Jaramillo)

De: Julio César Londoño

Para: Ana María Gómez

ana maría, envíale x favor este mensaje al grupo:

tallerista. idee por favor una frase poética, o chistosa o impactante o sugestiva (en el sentido de estimulante) con la palabra gol.

No estuvimos en Sudáfrica pero con Shaquira y su Waka Waka hicimos el gol más lindo del Mundial.

Leonor Fernández

* * *

Tontolandia alguna vez fue prospero y lleno de esperanzas, hasta que llego la energía eléctrica y con ella el único radio que convocaba al pueblo todos los domingos alrededor del fútbol. Tontolandia estaba radicalmente dividido entre los verdes y los amarillos, y uno que otro blanco que miraba los toros desde la barrera, pues ya tenían asegurada su clasificación, ya que contaban con una costosa y aventajada nómina. En esta oportunidad los verdes y los amarillos disputaban el descenso. Y quien perdiera lo perdía todo. Era el último minuto de juego del tiempo suplementario: cero, cero el marcador. De repente tiro penal a favor de los verdes. Los verde se abrazaron de alegría y los amarillos de tristeza y empezaron a preparar su exilio. Justo en el momento en el que el locutor anunciaba Gol…. la transmisión se cayo, y el pueblo quedo a oscuras - al parecer por un atentado terrorista-. A los pocos días cuando regreso el fluido eléctrico se supo que la pelota gol…peo en el palo, pero ya era demasiado tarde.

Orlando Cajamarca

* * *

Cuando nació el niño, el papá subió, bajó, recorrió todas las notarias y ningún notario quiso aceptar su solicitud de registrarlo con tan exótico nombre. Mediante una tutela consiguió su cometido y el Notario 23 de Medellín le expidió su certificado de nacimiento en donde constaba que el indefenso bebé llevaba por nombre Gol del Medellín Restrepo Peláez. Hoy cuando lo llaman en la calle..."GOL", los transeúntes piensan “este se enloqueció. El mundial pasó hace como tres años”.

Fernando Jaramillo

* * *

Amante, no pierdas el camino, esquiva las defensas de mis resabios, penetra la inútil red de mis faldas y anótale un gol a este aburrimiento.

Ximena Aldana

* * *

(Aparentemente, dirigido a Ximena Aldana. N del E.)

Quisiera ser tu delantero centro, y chutar!!!!!

Silvio Velásquez

* * *

Nicolás Gogol, el escritor y portero ruso en cuyo honor se cantó la primera anotación, ¡Go, Go, goooool!

Nicolai Vasilievich Gogol. 1809- 1852. Escritor ruso, nacido en Sorotschynzy. Profesor de secundaria y universidad y uno de los iniciadores de la prosa moderna en Rusia y en el mundo entero, prueba de ello es el monosílabo más famoso en todas las lenguas de todos los estadios, de todos los tiempos, sobretodo del primer tiempo. Su novela Almas muertas marcó un hito en el desarrollo del realismo crítico, y su pieza El inspector, es un clásico de la comedia rusa. Autor de La nariz; El capote; La Avenida Nevsky; Taras Bulba, un clásico de la pornografía y otras

Hernando Aldana

* * *

1

¡Goooooooooooooooooooooooooooooooooooooool! – grité con los brazos extendidos hacia el cielo cuando logré pasar el cargamento.

¡Goooooooooooooooooooooooooooooooooooooool! – gritaron los sabuesos con los brazos extendidos hacia el cargamento cuando me capturaron.

2

El grito del gol de Saturno se escuchó en toda la Vía Láctea cuando le anotó a los de Andrómeda. En la tierra, en Indonesia y Tailandia, entre otros, murieron más de 300.000 habitantes. Y fue declarado como uno de los más atroces tsunamis de la historia.

Winston Espejo

* * *

En el motel, ambos estamos concentrados en amarnos, en la distancia alguien grita.

Mi compañero se retira y enciende el televisor para gritar con los ojos fuera de las órbitas y cara de desconsuelo: Me perdí el gol !!!

Ana Maria Gómez

* * *

MI TÍA Y SUS GOLES

¿Por meter esa pelota entre esos tres palos hacen tanto escándalo?

Yo con cualquier par de esas 22 piernas tendría más razones para hacerlo.

Alexander Ortega Gribenchenko

* * *

LA FINAL

En las graderías del circo famélicas gargantas vibraban llegando al paroxismo, en uno de los exclusivos palcos empresarios y apostadores sentían bullir en sus bolsillos el producto de la hábil carne e ilusiones negociadas. Pero al árbitro, al humilde hincha vestido de colores y al último defensa la mala suerte les hizo una gambeta, una certera ojiva disparada en chanfle desde la punta derecha les había perforado el cráneo...

Fue el último GOL que oyeron en su vida.

Jorge Benalcázar

* * *

Desde el cielo observó como siguen muriendo inocentes por autogoles.

Nota en homenaje a Andrés Escobar.

Maria Eugenia Chacón Morales

* * *

Gol: "Felicidad del hincha, las gargantas se hinchan y a muchos linchan por un pinche gol...".

Julián Enríquez Quintero

* * *

Mockus, de origen lituano

con ausencia de prudencia,

aspiró a la Presidencia

de este país colombiano.

"Muy Verde y con ilusión

se acompañó de Tenores y

amontonó girasoles"

cayendo en muchos errores,

pues al entrar al partido solito se eliminó

con respuestas de "autogoles" .

Ramiro Montalvo

* * *

CLÁSICO DEL AÑO

1. LA PUNTUACIÓN VERSUS LOS ESCRITORES

Atentos señores y señoras, la puntuación salta a la cancha, sintiéndose vencedora; las barras gramaticales la ovacionan con fervor; del otro lado de la cancha, ansiosos por naturaleza: los escritores, Londoño, el arquero; Zuleta, centro delantero; Mendoza, puntero derecho; Molano, puntero izquierdo; Abad, volante trasero; Cajamarca, Espejo y Henriquez parecen un poco confundidos y están en el centro de la cancha. Los árbitros, Gómez, Fernández y Franco están alertas a cualquier gambeta de los escritores, porque el público sabe que no son de fiar. Con la puntuación se va a la fija: La coma hace el primer GOL, Londoño no ataja; Zuleta avanza al arco contrario; el guión se le atraviesa y lo tumba; la interrogación-¡señores! Atención, la interrogación le hace tremenda Llave a Mendoza¡ Fulminante señores! Todos a uno, los puntos suspensivos, la exclamación, la raya, el punto y coma, el paréntesis y los demás, atajan a los escritores invisibles. ¡Qué partido señores! Magistral la puntuación, la lingüística la abraza; el público con júbilo corea: Arriba, arriba campeonas, los escritores pierden por doble U. ¡Qué partido señores!

2. Gozar

Olvidar

Lograr

¡Gol!

3. Dedíquense al mundial y no a trabajar y verán el GOL que les hacen.

Luz Dary Echeverry

* * *

CUENTO REAL

Lugar: Clase de VÍAS en UV

Profesor: ¿Quién de ustedes puede dar una definición de PERALTE?

Alumna: ¡YOOOO PROFESOR!!!

Un peralte es cuando un jugador comete una falta cerca del arco y el arbitro pita para que pueda meter el GOL.

Nota: Y no era ninguna reina de belleza

Gladys Franco

* * *

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA –

Vigésima segunda edición

apoteosis.

(Del lat. apotheōsis, y este del gr. ἀποθέωσις, deificación).

1. f. Ensalzamiento de una persona con grandes honores o alabanzas.

2. f. Escena espectacular con que concluyen algunas funciones teatrales, normalmente de géneros ligeros.

3. f. Manifestación de gran entusiasmo en algún momento de una celebración o acto colectivo.

4. f. En el mundo clásico, concesión de la dignidad de dioses a los héroes.

5- f. La máxima felicidad, el gol

Silvio Velasquez

* * *

GOLES, COLAS ¡PIEDAD!

Piedad ¡Piedad! Ellos nos alienan.

Luz Dary Echeverry

viernes, 14 de mayo de 2010

Suenan voces. Antología Renata III


Textos en solapas:

La Red nacional de talleres de escritura creativa Renata es un programa promovido por el Ministerio de cultura en alianza con la corporación Fernando González Otraparte, con el apoyo de las secretarías e institutos departamentales de cultura, la red nacional de bibliotecas públicas y el banco de la república.
El objetivo general de los talleres y de la red es el de diseñar e implementar estrategias para estimular la lectura crítica y la cualificación de la producción literaria en las diversas regiones de Colombia, impulsando además la integración, circulación y divulgación de nuevos autores.
Los talleres buscan reflejar la diversidad étnica, cultural y geográfica del país, y sus programas construyen las bases del oficio del escritor.



Más información:

http://ntc-narrativa.blogspot.com/2010/04/suenan-voces-antologia-renata-iii.html

jueves, 25 de febrero de 2010

Parte de la presentación del cuaderno de Renata

Hola para quienes estuvimos en la presentación del Cuaderno de Renata
y para quienes nos acompañaron desde la distancia del trabajo, de las responsabilidades
de los días imposibles doy parte de que sí estuvimos en el salón rojo de la biblioteca
sí se proyectaron en pantalla gigante las imágenes que algunas personas enviaron y el maestro Julio César Londoño-de traje negro, camisa blanca y corbata- hizo precisiones sobre cada cual.
Quienes integramos el prestigioso taller sí teníamos una buena pinta, nos lavamos el pelo, nos cepillamos los dientes para la mejor sonrisa -llevamos el vino de Antares o de de nuestra preferencia- llegaron amistades y familiares apoyándonos con su respaldo moral -157 personas-. Cony Lema leyó el fallo del concurso Antologia 2010, ganador en crónica: Rodrigo Escobar-Holguín; ganador en cuento: Julián Enriquez, recibieron libro y un bono de una librería -que no se pueden gastar en helados-. A Winston Espejo - ganador del concurso nacional de cuento RCN, modalidad docentes con Obediencia bíblica le dieron diploma y aplausos y Rodrigo E-H leyó ese cuento para el auditorio, aplausos. Estuvimos atentos a lo que disertaron los conversadores escritores Fernando Cruz Kronfly y Alberto Rodríguez con Julio César Londoño, quienes estuvieron en el proscenio, en una salita y micrófono personalizado. Leonor se encargó de la estación de los libros, mientras tanto nos tomamos las fotos de rigor, en la estación del vino estuvieron Gladys y Carlitos, la concurrencia encantada, brindamos y regamos el vino tinto en el mármol del piso, recibimos besos, abrazos, regalos. Así presentamos nuestro libro.

Fue muy emocionante para mí hacer parte de este proyecto.

Abrazos y gracias por estar allí.

Ana María


Este es un pequeño album de las fotos de la presentación del Cuaderno de Renata

sábado, 20 de febrero de 2010

Presentación del libro El cuaderno de Renata




Patricia Aleadine Directora de la biblioteca Departamental y Julio César Londoño Red Nacional de Talleres Literarios

Invitan a la presentación del libro El cuaderno de Renata 

Día: miércoles 24 de febrero de 2010
Hora: 6: 30 de la tarde 
Lugar: auditorio 2 de la Biblioteca Departamental Cali, Colombia

Conversatorio sobre cuento y talleres Julio César Londoño con los escritores Fernando Cruz Kronfly y Alberto Rodríguez, director de la Casa de la Lectura y uno de los talleristas más destacados de Colombia. 
Al final le haremos un reconocimiento a Winston Espejo, ganador del concurso nacional de cuento RCN y nos tomaremos una copa de vino.
Entrada libre
Ana María Gómez
Agradece su asistencia y la divulgación que haga de este evento cultural.


miércoles, 10 de febrero de 2010

Antología Renata 2010

Concurso

1.       Les recuerdo a los interesados en concursar para la antología nacional de renata 2010, que pueden hacerlo con un cuento y/o una crónica. Extensión máxima, cinco páginas a espacio y medio y fuente de once puntos.  
2.       La fecha límite de recepción de los textos será el sábado 13 de febrero de 2010 a las 10:57 a.m.
3.       Los trabajos deben presentarse por triplicado y firmados con seudónimo.
4.       En el exterior de un sobre cerrado ponga el título del texto, el género (cuento, crónica) y su seudónimo; en el interior, seudónimo y nombre completo.
5.       El jurado, compuesto por Constanza Lema, Emilio Aljure y Hernando Aldana, escogerá un ganador y dos finalistas en cada categoría.


Julio César Londoño

Coletilla de Ana María (Monitora): Aclaración pertinente: La elección y coronación interna de cuentos, a la que se refiere la temática anterior no es garantía de publicación en la antología nacional renata 2010, es solo la elección interna de cuentos que se enviará al concurso nacional, en el que Bogotá elige los textos a publicar, sin apelación. AMG







miércoles, 20 de enero de 2010

El cuaderno de Renata


Damos aquí parte de la publicación de El cuaderno de Renata, y trancribimos un párrafo del prólogo:
"El volumen que el lector tiene en sus manos es dispar por la misma disparidad del grupo, y no tiene pretensiones antológicas: es más bien una especie de memoria del taller. Cada estudiante eligió de su producción algunos cuentos, ensayos, crónicas o poemas, y con ellos armamos un libro que aspira a enseñar y a divertir, a intrigar y a conmover.
Pido a los dioses del verano que algún vestigio de la felicidad con que fue compuesto alcance al lector".
Julio César Londoño
pág 12 del libro

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http://ntc-ediciones-virtuales.blogspot.com/2010_01_19_archive.html

jueves, 12 de noviembre de 2009

SOBRE EL BARON RAMPANTE Y SU REBELDIA

Winston Espejo

Ahora, trepado en un samán en el que he tomado un sinnúmero de precauciones, con mi libreta de notas y un lápiz a cuestas, recuerdo a Cósimo Piavasco de Rondó, protagonista de "El Barón Rampante", quien a los doce años renunció a su familia y a la comodidad que ella representaba, subiéndose a los arboles para no descender jamás.

La obra se desarrolla con una prosa excelsa; la descripción que el narrador, hermano menor de Cósimo, hace de los árboles, el paisaje y su noble familia es impecable. Por momentos se agradecerá al follaje protegernos del sol de Ombrosa, correrá el viento de mar junto a nuestra avidez de lectura, trepará el lector, de la mano con el púber, por los almendros y los cerezos floridos; respirarán ambos el olor del látex de los pedúnculos; desearán decorar los nogales con musgo y orquídeas hasta convertirlos en su exclusivo refugio. Y enamorados de Viola Ondariva, la rubita egoísta, se arrepentirán del orgullo que la dejó partir para siempre.

Pero más que eso, el libro entero es una oda a la rebeldía, una metáfora de la renuncia al confort y al buen nombre, una bofetada a las pretensiones elitistas y a las costumbres rigurosas representadas en la época – 1767 - por una familia conformada por el insípido y manso Arminio Piovasco de Rondó, padre de Cósimo, y una madre con ínfulas de generala: Corradina de Rondó. Junto a ellos, en la mesa del comedor, también se sientan: Battista, hermana mayor de los imberbes; el abate Fauchelafleur, su preceptor; y el abogado Enea Silvio Carrega, hermanastro del Barón. Todos, con unas personalidades divertidas e insospechadas.

Al término de la lectura, podrían algunos lectores preguntarse: ¿Y cómo ser rebelde en un mundo donde abundan los rebeldes? ¿Acaso rebelándose contra la rebeldía? ¿Sumiéndose en la desidia donde prevalece la productividad? Otros, identificados con el púber, pensarán en las disertaciones que sobre el asunto hace la sicología moderna. Qué faltó esto o aquello, que el Barón y la madre fueron incapaces de ver las señales que pronosticaban su comportamiento, que la conducta del hijo fue sólo el desenlace del frío de su hogar. En fin, tanto puede suscitar el tema ¡incluso algún osado afirmará que Cósimo ingería sustancias psicoactivas! que prefiero dejarlo como punto de partida a la generación de los cuestionamientos de cada universo lector, quien deberá considerar que mucho antes de escribirse la obra, Arthur Schopenhauer ya había concluido que "La rebeldía es la virtud original del hombre", razón por la que hoy no debería sorprendernos que abunden los rebeldes sin causa y se pregone "la rebeldía por rebeldía", enfermedad de rápido contagio y estrambóticas consecuencias, de fácil confusión, además, con el capricho. De hecho, quien me recomendó la obra, un pequeño burgués de quien la familia esperaba un hombre de negocios o un doctor de lujo, después de desarrollar en Harvard toda una carrera con honores, prefirió, a escasos días del grado, dejar a padre, madre y hermanos viendo un chispero. Todo, confesó unos años después, por tener que ejercer como ciertos menganos que a él le fastidiaban.

También en la primera página de la obra, cuando el muchacho rechaza un plato de caracoles y corre a treparse a una encina gritando:" ¡…no quiero y no quiero!", el asunto puede parecer un capricho; lo que viene después, la expectativa que flota como una hoja sobre un río de letras magistralmente dispuestas, es clara muestra de lo que para Ítalo Calvino, el autor, significó el tema.

Cósimo, orondo desde las ramas, cumple su palabra de no bajarse nunca más. Y soportado en su promesa, en la comarca que creó, inicia a ayudar con espíritu emancipador a los pobres que lo circundan. Es tanta su influencia, que convierte a un bandido, Gian dei Brughi, en un lector adicto (de paso libera al pueblo de sus garras). Fabrica casi todos los utensilios que necesita y se vuelve experto en las artes más diversas; un buen número de asociaciones gremiales o hermandades de oficios, como la de los Zapateros o los Sombrereros Concienzudos, lo acogen y se jactan de contar con un miembro de noble alcurnia, desbordado ingenio y real desinterés.

"Cósimo comprendió que las asociaciones hacen al hombre más fuerte y ponen de relieve las mejores dotes de cada persona, y dan una satisfacción que raramente se consigue permaneciendo por cuenta propia: ver cuánta gente honesta y esforzada y capaz hay, por la que vale la pena querer cosas buenas"

O sea una rebeldía proactiva, cercana a la filantropía y lejana de distanciarse del mundo porque si, el otro extremo de quedarse en la última pieza engordando y maldiciendo al prójimo, al perro y cada una de sus pulgas; o reclamándole, a falta de poder gritarle unas cuantas verdades a tantos que lo merecen, las falencias al tendero de la cuadra. "Una rebeldía no violenta, sin sangre y sin lágrimas" dijo Mahatma Gandhi. Una rebeldía fundamentada, opuesta a la de llevar la contraria sin razón distinta a ver los rostros pasmados de los demás (conozco a muchos que odian un partido si sus amigos pertenecen a él, denigran de un libro cuando los comentarios son a su favor, y amantes de la justicia y los negocios transparentes, idolatran al presidente de la república cuando la mayoría habla de su espíritu corrupto y embaucador).

Pero "¡Cuidado, hijo, hay quien puede mear sobre todos nosotros!" dice el Barón en un pasaje del libro a Cósimo.

Así pues, nuestro amado rebelde se prepara para resguardarse de las consecuencias que el orín puede tener sobre su dorso. Y no sólo en la administración de los negocios familiares sino también en el manejo de la espada; poco antes de seguir el entierro de su padre, pasando de un árbol a otro y dejando una ramita con hojas sobre su ataúd, liquida a unos piratas que intentan robar al pueblo. Luego, enfrenta a Don Sulpicio, cura de una gavilla de españoles que viven en los árboles y que denominándose a si mismo brazo de la santa inquisición, quiere ultimarlo.

Más tarde, ya Barón, parado sobre el gran nogal de la plaza, toma actitudes de viejo y se divierte contando exageradas historias con variantes y finales distintos. Hasta que un día, Optimo Máximo, su perro, lo lleva a donde su antigua dueña: la rubita Viola Ondariva, única capaz de poner a tambalear su rebeldía.

Ésta es, a grandes rasgos, la obra que me impresionó: al punto de llevarme a trepar un árbol y escribir, en su copa, mi opinión (espero que en un futuro no me lleve a renunciar a mi empleo); da evidencia de la maestría con que se pueden armar las palabras, da origen a múltiples y explayadas discusiones, incluso la de preguntarse si la rebeldía tiene cabida en el amor, o viceversa. Pero como en realidad me rebelo a ese debate y, además, he estado a punto de caerme unas tres veces y rebelarme contra estas letras, mejor, y contrario a Cósimo, mientras me pregunto qué quiso decir Schopenhauer con eso de que "La rebeldía es la virtud original del hombre" desciendo…

Creo que debe relacionarse con las rebeldías que cada uno de nosotros alberga: la señora contra el esposo que la colma de demandas. La otrora Lolita contra el tiempo. El ejecutivo contra el jefe que sintiéndose solo no le queda otro camino que llamarlo y reprenderlo todo el día. El monaguillo con el cura que le muestra el camino de Dios, el perro con el amo, el indigente que acorta el paso al cruzar la avenida (si lo atropella un auto descansa, sino, que baje la velocidad el miserable). Y todo subordinado o aquel que se sienta sometido. No voy a mencionar al pueblo y su dictador, a oprimidos y opresores. Tampoco al enfrentamiento de nuestras revelaciones de hoy con las ideas de ayer.

O tal vez, simplemente, el gran Schopenhauer quería decir que la el origen de la rebeldía reside, como en la obra, en un plato: el prohibido que no debían comer Adán y Eva.